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El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) dedica una exposición a Jaume Plensa durante los días 1 de diciembre de 2018 al 22 de abril de 2019.

La muestra sobre Jaume Plensa permite profundizar en la propuesta creativa del artista. Cuenta con obras que van desde la década de los ochenta hasta la actualidad y apuesta por un recorrido que muestra el diálogo que se produce entre las obras que representan la figura humana y las obras abstractas. Esta tensión es el hilo conductor que atraviesa el conjunto de su trabajo, un corpus que pone de relieve la fuerza de binomios como ligero/compacto, luz/oscuridad, silencio/sonido, espíritu/materia y vida/muerte.

Jaume Plensa (1955) es un artista de materiales, sensaciones e ideas. Sus referencias abarcan la literatura, la música, la religión y el pensamiento. Pese a considerarse ante todo escultor su proceso creativo ha transitado por múltiples disciplinas. Sus obras apelan a la condición misma del ser: su esencia física y espiritual, la conciencia de sí mismo y de su pasado, sus códigos morales y dogmas y su relación con la naturaleza. Su objetivo no es construir objetos, sino desarrollar relaciones e incluirnos a todos en ellas.

Comisariada por Ferran Barenblit, la exposición sobre Jaume Plensa plantea un amplio recorrido por el trabajo de uno de los escultores catalanes con mayor proyección internacional. Galardonado con el Premi Nacional d’Arts Plàstiques de la Generalitat (1997), el Premio Velázquez de Artes Plásticas del Ministerio de Educación y Cultura (2013) y el Premi Ciutat de Barcelona (2015), entre otros, es reconocido mundialmente por su obra pública en ciudades como Chicago, Londres, Montreal, Niza, Tokio, Toronto o Vancouver.

Veintidós años después de su última exposición en un museo de Barcelona (Fundació Joan Miró, 1996), la obra de Jaume Plensa volverá a verse en un museo de la ciudad. En paralelo, el Museo Reina Sofía de Madrid presentará un nuevo proyecto del artista en el Palacio de Cristal durante las mismas fechas. 

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».

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