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La conjura de los necios, de John Kennedy Toole35 años después de su publicación (33 en el caso España) cabe preguntarse si La conjura de los necios de John Kennedy Toole aguanta bien el paso del tiempo o si, por el contrario, los efectos de la edad hacen mella en una obra que en su momento causó conmoción en el mercado editorial internacional.

¿Hay alguien que no conozca el libro y la historia que se esconde tras él? ¿Existe alguna persona que todavía no lo haya leído en cualquiera de sus múltiples ediciones, formatos y soportes? Pues parece ser que así es a tenor del ritmo de ventas anual del texto en todo el mundo. Año tras año miles de nuevos lectores, con sus correspondientes atronadoras carcajadas, se incorporan al particular universo propuesto por Toole en torno a la ciudad de Nueva Orleans.

John Kennedy Toole (1937-1969) constituye uno de los misterios más insondables del negocio de la edición. Tras escribir entre finales de los cincuenta y comienzos de los años sesenta La conjura de los negocios vagó de editorial en editorial a la espera de que alguna se diera cuenta del material que tenía entre las manos. Sus esfuerzos fueron infructuosos y decidió suicidarse como consecuencia de su frustración. Pero la luz de la llama no se apagó: su madre, Thelma Ducoing Toole, siguió pugnando por el mismo objetivo del hijo hasta conseguirlo en 1980 (solo cuatro años antes de su fallecimiento). El resto es historia: al año siguiente la obra obtuvo el Premio Pulitzer, críticos y lectores coincidieron en su entusiasmo, el libro se convirtió en un fenómeno mundial y el ya póstumo autor fue comparado con Cervantes, Rabelais, Dickens, Swift…

La conjura de los necios no es un libro de narración sino una novela de diálogos y de personajes. Los primeros son tan chispeantes como profundos, tan divertidos en ocasiones como llenos de amargura vital en determinadas circunstancias, tan sutiles que pueden llegar a pasar desapercibidos si no se les presta la debida atención y tan  atinados que parecen proceder más del buril de un orfebre que de la pluma de un escritor.

No menos singular y maravillosa resulta la asombrosa ristra de personajes que Toole va regalando a los lectores. A la cabeza de todos ellos se encuentra Ignatius J (Jacques) Reilly, a quien me atrevería a calificar como una de las grandes creaciones de la literatura universal del segundo tercio del siglo XX. Ignatius es perezoso, pusilánime, egoísta, desaseado, egocéntrico, inmaduro, vengativo, carente de toda habilidad social o empatía emocional… y, pese a todo, no podemos evitar que nos termine cayendo bien y hasta identificarnos con su extraño modus vivendi y con algunas de sus estrambóticas iniciativas.

Y junto a él una notable fauna de caracteres secundarios: la madre del protagonista, tan neurótica y patética como borrachuza y falta de cariño; el más que lamentable patrullero Mancuso, un policía cuya incompetencia le hace destacar incluso en un cuerpo tan denostado como el de las fuerzas del orden de Nueva Orleans; el matrimonio Levy, paradigma de incuria y holgazanería; o la sórdida plantilla que trabaja en el local de striptease Noche de Alegría con su despótica dueña Lana Lee, la más que limitada pornostar Darlene, el siempre quejoso barrendero/portero Burma Jones o el insolente camarero cuyo nombre jamás conoceremos. Y nos dejamos por el camino creaciones tan brillantes como González, miss Trixie, Dorian Greene, la señorita Annie, Santa Battaglia, Claude Robichaux o Myrna Minkoff (cuya alargada sombra sobrevuela a lo largo de toda la novela).

El transcurso de los años ha sentado bien a La conjura de los necios, tanto por lo que dice como por la manera en que lo relata. El libro ha traspasado el umbral del desgaste del tiempo como solo pueden hacerlo las grandes obras de la literatura hasta adquirir un carácter profético de desgarradoras proporciones. De este modo en cualquiera de los reality shows que pueblan las parrillas de las televisiones de todo el mundo o en una parte significativa de los vídeos que aparecen colgados en redes sociales de toda índole contemplamos, de manera asidua, personajes tan disfuncionales como los propuestos por Toole.

Y el autor también resultó profético en su visión de una ciudad, Nueva Orleans, que se venía abajo hundida en su autocomplacencia y ante el abandono de las administraciones públicas local, estatal y federal. Quien acudiera a la ciudad, siquiera como turista, durante las décadas de los ochenta y noventa podía atestiguarlo, tal y como puso claramente de manifiesto el devastador huracán Katrina en 2005 (por cierto, aprovecho desde aquí para recomendar la magnífica serie Tremé de David Simon donde se examinan todos estos aspectos).

John Kennedy Toole no dejó texto alguno de relevancia. Es verdad que en 1989 vio la luz La biblia de neón, una novela que escribió cuando tenía 16 años; pero no es menos cierto que el texto carece de todo interés literario y fue publicado por motivos meramente comerciales.

Siempre nos quedará la duda acerca de lo que podría haber dado de sí el autor, sobre si La conjura de los necios era el primero de una catarata de textos geniales de un formidable narrador o simplemente el legado único de un aceptable novelista. En cualquier caso tenemos la posibilidad de disfrutar de un formidable libro que, por sí solo, introduce a John Kennedy Toole en el olimpo literario; un hecho que acaece muy de vez en cuando.

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John Kennedy Toole. La conjura de los necios. Anagrama.

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También puedes descargarte el podcast con el contenido del texto.