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¿Qué mejor manera que conmemorar la reciente concesión del Premio Cervantes 2016 a Eduardo Mendoza que aludir a la novela que en 1975 le dio a conocer en el panorama literario español, La verdad sobre el caso Savolta?

Pero existe una razón adicional para aludir a La verdad sobre el caso Savolta. Hace unas cuantas semanas, precisamente con motivo del referido galardón, el escritor Lorenzo Silva publicó una interesante reflexión en el diario Abc en la que subrayaba que “cuarenta años después, sigue siendo la mejor publicada por un autor español en el último medio siglo”. Yo no sé si es la mejor, es difícil tener la certeza incluso aunque hubiese leído todas las obras publicadas durante estos pasados cincuenta años, pero desde luego no se me ocurren muchos textos que puedan competir con el de Eduardo Mendoza (quizá El hereje de Delibes o El día de mañana de Martínez de Pisón sean los que me vienen a la memoria con mayor intensidad).

Hay dos tipos de libros que pasan a la posterioridad: aquéllos que son acogidos con indiferencia (cuando no abierta hostilidad) por parte de crítica y/o público y que poco a poco (en ocasiones tienen que pasar no años sino décadas o incluso siglos) consiguen el reconocimiento; y los que desde un primer momento demuestran su fulgor y relevancia. La verdad sobre el caso Savolta corresponde a la segunda de las categorías: Eduardo Mendoza (1943) entró por la puerta grande de la literatura con su primera novela.

Pero el caso es que los inicios no fueron en absoluto fáciles. Entre unas cosas y otras la novela tardó cinco años en publicarse, en parte porque era un libro a contracorriente (la moda en esos años era la “novela experimental”, un término que todavía ocasiona dolores de cabeza a más de un paciente lector) y en parte porque se encontró ante el frontón que por aquel entonces suponía la censura (hablamos de la primera mitad de los años setenta en España) que, no sólo obligó a cambiar su título inicial (Los soldados de Cataluña) sino que dedicó a la obra comentarios del estilo “Novelón estúpido y confuso, escrito sin pies ni cabeza. La acción pasa en Barcelona en 1917, y el tema son los enredos de una empresa comercial, todo mezclado con historias internas de los miembros de la sociedad, casamientos, cuernos, asesinatos y todo lo típico de las novelas pésimas escritas por escritores que no saben escribir”.

Para quienes no hayan leído La verdad sobre el caso Savolta vayan unos cuantos apuntes acerca de su argumento: basada en hechos reales es la historia de una corrupción (lo que son las cosas) que se sitúa en la Barcelona de finales de los años diez del siglo XX, a caballo entre los estertores de la Primera Guerra Final y el periodo de entreguerras. La obra de Eduardo Mendoza narra las vicisitudes de Javier Miranda (el bueno), Nemesio Cabra Gómez (el pícaro/quijote) y Paul André Lepprince (el malo). En torno a ellos se estructura una trama tan compleja como bien narrada en la que se mezclan elementos de novela negra con la crítica social, las aventuras puras y duras e incluso la reflexión existencialista.

La verdad sobre el caso Savolta muestra ya algunas de las características propias de la literatura de Eduardo Mendoza, entre las que sobresalen su fabulosa capacidad narrativa (con la singular excepción de Juan Marsé no creo que haya autor español vivo con tales dotes) y su peculiar mezcla de sentido del humor, ironía y parodia (que tantos quebraderos de cabeza le ha traído con determinados críticos y determinados perfiles de audiencia).

La verdad sobre el caso Savolta es una obra redonda, quizá asombrosa por proceder de un autor novel, que marca un antes y un después en la literatura española y cuya aparición coincide además con un drástico cambio en el régimen político del país (aunque esto ya no es mérito de Eduardo Mendoza, obvio es decirlo). Su lectura fue obligada para una generación de escolares (ignoro si todavía sigue siendo así) y desde luego pocos libros como éste han sido tan merecedores de dicha consideración.

La extraordinaria calidad de La verdad sobre el caso Savolta no puede hacernos olvidar el notable nivel del conjunto de la producción literaria de este literato. Es cierto, tiene algunos bodrios infumables (no seré yo quien niegue que El último trayecto de Horacio Dios o Mauricio o las elecciones primarias son obras manifiestamente mejorables) pero también ha publicado algunas de las mejores novelas que se han escrito en España durante estas últimas décadas.

Animo a sumergirse en el peculiar mundo de Eduardo Mendoza con la seguridad de que hay cabida para todo y para todos: la reflexión sesuda de La ciudad de los prodigios; la recreación histórica de Riña de gatos: Madrid 1936; el mundo inenarrable de Sin noticias de Gurb; o las desternillantes historias de su detective sin nombre de El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras, El enredo de la bolsa y la vida o El secreto de la modelo extraviada. Y muchas otras más, la mayor parte de las cuales han sido editadas por Seix Barral.

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Eduardo Mendoza. La verdad sobre el caso Savolta. Seix Barral.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.