A la hora de analizar el papel de los divulgadores de música clásica mucha gente se pregunta si para disfrutar un concierto de música clásica hace falta una instrucción especial. La respuesta es: por supuesto que no. Para disfrutar de la música clásica tan sólo hace falta sentarse y escucharla. También puede escucharse de pie, pero sobre todo con los oídos abiertos no sólo en el sentido fisiológico.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que escuchar varias veces una pieza ayuda. La repetición es aprendizaje y cuando se va anticipando una idea musical, una frase o una letra porque se conoce gracias a la repetición, entonces se disfruta mucho más. La mejor instrucción es la repetición.

Triángulo de Escher paradigma de repetición y movimiento perpetuo

La parte técnica la apreciamos con el oído y la parte artística la percibimos con el corazón, con el alma. Aunque deberíamos añadir más sentidos, en plural, porque la apreciamos con el oído, con la vista e incluso con el tacto. También se dice que hay personas que tienen gusto por la música clásica. La vista ayuda mucho a la hora de apreciar la música, si vamos a una actuación o concierto en directo o si lo vemos en la televisión, en el cine, apreciamos el gesto del artista y puede llegar a subyugarnos más fácilmente.

Sara Willis, primera trompa de la Filarmónica de Berlín y gran divulgadora musical

Tradicionalmente obteníamos información en las notas de los programas de mano en un concierto, o los programas con contenidos divulgativos en radio o televisión. Un concierto sinfónico o una representación de ópera es un espectáculo tan formalmente convenido que no hay hueco para la explicación, tan sólo hay espacio para los sentidos. Últimamente algún director de orquesta que otro toma la palabra y se dirige al público para explicar algún pormenor del evento o de la obra, con intención de darle otro aire al formato.

Así lo estuvo haciendo el anterior director de la Orquesta de la RTVE, Carlos Kalmar, en sus conciertos de abono, pero no funcionó. No es necesario, le quita misterio a la liturgia de la clásica, con sus aplausos y toses en los momentos indicados. Sí puede ser interesante, en un momento distinto, una charla o una pequeña conferencia en la que los artistas explican en qué consiste la obra, en qué circunstancias se compuso o en qué debe fijarse el público, pero no en el momento del concierto. Los especialistas y estudiosos son un magnífico recurso para aquello, todos ellos son los divulgadores. Más allá del formato, lo importante es que la persona sepa transmitir las claves que pueden ayudar a disfrutar mejor de la música.

El director Stokovsky publicó en la colección Austral este famoso libro para la mejor comprensión de la música

Clásicos de la divulgación clásica: el libro

Las formas de transmitir información han cambiado radicalmente. Gracias a los nuevos canales y formatos hemos ganado en profundidad a la hora de disfrutar de las creaciones artísticas. Los divulgadores de música clásica transmiten la esencia de una obra artística, de forma que al enfrentarse a ella el espectador que ha aprendido parte con una ventaja significativa. Enseñan al público a disfrutar de la música casi tanto como la puede disfrutar un estudiante o un profesional, que a fuerza de estudiar una partitura llega a comprenderla en una dimensión distinta del sonido. Fijémonos, por poner un ejemplo, en lo que hace Sara Willis en este vídeo explicativo.

El director de orquesta Leopold Stokovsky en el Carnegie Hall

Música para todos nosotros

Los cincuentópicos teníamos referencias en los libros y a lo largo del cambio entre siglos se ha disparado la cantidad de contenidos de forma que se hace imposible conocerlos todos, desde el libro a los influencers. En los años de la modernización de España la fuente seguía siendo la imprenta, con textos de compositores y músicos que hacían grandes revelaciones sobre cómo entender la música.

Schönberg sigue siendo mi favorito entre los divulgadores de música clásica con El estilo y la idea, editado por Taurus en España, una de esas joyas que todavía no se han superado. De aquellos años también era Fundamentals of Music Composition, no para no iniciados precisamente. Taurus era la principal editorial encargada en divulgar, con textos de Adorno o Mann, entre otros, o aquel con un curioso título, Variaciones psicoanalíticas sobre un tema de Mahler, de Theodor Reik.

El más genial para aquella época era el del maestro Leopold Stokovsky Música para todos nosotros en la colección Austral de Espasa Calpe, serie verde. El alma de la música, la belleza física de la música, la música abstracta y la descriptiva… y una cantidad ingente de conceptos que intentaban, en 1954, explicar la música para todos los aficionados. La edición de Austral incluía un prólogo del propio director de orquesta, bravo por el que lo consiguió, en español: “La música es un arte profundo, complejo y misterioso”.

Los títulos de la Clásica que nos sirvieron de referencia: Schoenberg, Adorno, Eisler

De la literatura oculta a la explosión del conocimiento musical. La musicosofía

Toda la literatura musical llegaba con cuenta gotas, Adorno, Schöberg otra vez, Derek Cooke, Otto Karoly y tantos otros. Cuando podíamos salir al extranjero nos emborrachamos de librerías y llenábamos la maleta. Ya en la segunda mitad de la década de los ochenta y en los noventa comenzaron a despegar otras editoriales generales, no especializadas, con grandes textos musicales como lo fue la magnífica colección Alianza Música.

Necesitaría aquí un espacio mucho mayor para dar cuenta de todo ello, de lo anterior, lo actual en el final de siglo y la gran explosión de saber impreso y audiovisual que aparecería a partir de entonces.

Norman Lebrecht, uno de los mejores divulgadores actuales de la música clásica

Uno de los más importantes divulgadores de música clásica en la actualidad es el británico Norman Lebrecht, un prodigio de producción con ensayos, diccionarios, novelas, adaptaciones cinematográficas, televisión, etcétera, etcétera, etcétera. Podría resultar sospechoso que una persona sola pueda abarcar todo esto sin ayuda, pensarán algunos, pero cuando ves a una persona transmitiendo de esa manera tan especial te das cuenta de que no necesita ayuda, de que lo suyo es un gesto muy natural. La imagen recogida aquí es de otra interesante institución dedicada a la divulgación de la clásica: “Los Simposiums del Dean”, de Peabody Institute John Hopkins en Baltimore.

Otro ejemplo interesante es el del escritor palestino Edward W. Said que fundó junto al pianista Daniel Barenboim la West-Easter Divan Orchestra, proyecto sobre el que prometo regresar en otra ocasión en estas colaboraciones periódicas que mantengo para Cincuentopía.

El divulgador de la clásica José Luis Téllez

En nuestro suelo patrio hemos tenido buenos divulgadores de música clásica también, con menos medios en épocas anteriores, cuya mejor plataforma fue la antigua Radio 2 FM, hoy Radio Clásica. La lista es larga, el esfuerzo notable, pero el más interesante es José Luis Téllez con programas como A contraluz, Música Aperta y Música Reservata. Desde la reseñada cadena radiofónica pública hemos podido disfrutar de gran cantidad de contenidos divulgativos, con conciertos familiares, conferencias de divulgación de obras clásicas, entrevistas y otros programas.

Sin embargo aunque el esfuerzo ha sido siempre apreciable, nos hemos quedado a mucha distancia de la auténtica radio y televisión americana, CBS, o las europeas como BBC o ZDF, con programas que no se atrevían a hacer aquí o que no sabían hacerlos. Lo cierto es que también esa radio pública estaba plagada de pomposos y melifluos locutores-comentaristas que cuando salían del ámbito reducido de los aficionados especializados y comentaban para un público más amplio terminaban por resultar bastantes cursis y encorsetados, como por ejemplo Pérez de Arteaga retransmitiendo el Concierto de Año Nuevo. Había muchos más de este triste corte, que no hace afición, aburrido.

La producción privada, por otra parte, siempre ha dado productos de una soberbia factura con documentales, con los entresijos de un ensayo o la elaboración de una ópera, los programas humorísticos y una larga lista que todavía en los ochenta tendríamos que esperar para recibir. Es el ejemplo de productoras como Unitel, Euroarts o Polygram, por citar las europeas, o las americanas Sony o Stingray.

De la televisión a internet: programas que nunca vimos

La televisión, analizada también por Stokowsky, fue el gran aliado de la divulgación cultural en la mayoría de los países occidentales, a pesar de que en España televisión y cultura nunca han formado un gran tándem. En América, en los años sesenta, hubo un impagable programa que hizo las delicias del público y que a España no llegó hasta hace relativamente poco tiempo. Se trataba de los Conciertos para Jóvenes de Leonard Bernstein. Inmejorable ejemplo dentro de los divulgadores de música clásica que no sólo realizaba grandes conciertos y populares composiciones, sino que sabía ponerse al frente de su orquesta en aquel momento, Filarmónica de Nueva York, para realizar un proyecto y enseñar a disfrutar de la música clásica. Todo lo que ha venido después, en diversos otros formatos es heredero del intelectual neoyorkino.

Leonard Bernstein, rodeado de gente joven para transmitir Clásica

Más Clásica, por favor

Subidos en el futuro y las redes sociales, todos nos ofrecen agradables sorpresas que permiten entretenernos y adquirir conocimientos sobre la técnica, el arte y la inspiración de compositores e intérpretes. Hay tantos a los que seguir, en Instagram como en Facebook, Twitter o YouTube, que es imposible siquiera hacer un mínimo resumen. Cualquier artista que se precie, desde los consagradísimos a cualquier recién llegado a la escena, todos están presentes y, además, están luchando por su espacio, sus “likes” y sus millones de visitas. Directores o compositores, bailarines, coreógrafos o directores de escena, orquestas… imposible resumir la labor de estos emergentes divulgadores de música clásica.

Ello me recuerda a un amigo que, considerando que su misión en la vida era hacer llegar la música al mayor número de personas posible, comenzó su aventura vital siendo instrumentista, luego director de orquesta para abordar públicos mayores, de ahí pasó a ser gerente en diversas casas de ópera en Europa, luego convertirse en representante de artistas, pasar por el mundo de la televisión y de ahí dar un salto directo a la música en internet. Ese es el futuro sin duda de la divulgación en sus distintas formas, formatos, canales y personajes. De la vida del artista a la misión de la difusión en el cibermundo.

Otros artículos correspondientes a esta serie de Santiago Martínez Arias ya publicados en Cincuentopía:

Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.