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El pintor alemán Lovis Corinth, cuyo nombre real era Franz Heinrich Louis, constituye un sorprendente ejemplo de cómo una grave dolencia puede hacer aflorar aspectos desconocidos de la personalidad artística de un ser humano.

Si atendemos a la totalidad de su carrera, es difícil encuadrar a Lovis Corinth (1858-1925) en una determinada corriente artística. En sus obras nos encontramos con componentes del naturalismo pero también del impresionismo, expresionismo e, incluso, del tachismo (el equivalente europeo al expresionismo abstracto norteamericano).

Formado en París y Munich, Lovis Corinth comenzó muy influido por la escuela holandesa de Rembrandt y Frans Hals, representando motivos clásicos procedentes de la mitología griega, el cristianismo y el mundo literario. Poco a poco va evolucionando en su propuesta artística hasta convertirse en uno de los máximos representantes del movimiento conocido como Secesión de Berlín, que surgió como una alternativa a la Asociación de Artistas de Berlín y abogaba por despojar el arte de sus tintes más conservadores (también formaron parte de dicha iniciativa Gaul, Kirchner, Klinger, Kolbe, Munch o Nolde, entre otros).

La vida familiar influyó de manera profunda en el arte de Lovis Corinth. Su esposa, Charlotte Berend, era una de las antiguas alumnas de la escuela de pintura que había abierto en 1902 y se convirtió durante décadas en  su musa inspiradora; y buena parte de sus cuadros reflejan la vida de su propia familia.

Pero el hecho que quizá sea más significativo en su carrera tiene lugar en 1911. El artista sufre un grave ictus que está a punto de acabar con su vida. Su lado izquierdo queda paralizado y, siendo zurdo, parecía que su trayectoria había concluido. Sin embargo, un año después había aprendido a pintar con la mano derecha y comenzaba a explorar nuevas corrientes, a cambiar su estilo habitual y a apostar por motivos novedosos.

A lo largo de su trayectoria Lovis Corinth cultivó toda clase de técnicas: además de pintor fue un notable grabador y escultor. Ningún tema le es ajeno: retratos, bodegones, paisajes… Particularmente me resulta muy atractiva su faceta de acuarelista, donde lleva su maestría hasta los máximos límites.

Lovis Corinth: el pintor al que un ictus cambió su carrera

Lovis Corinth. Flower Vase on The Table. Museo Albertina de Viena.

Me gustaría compartir con todos los seguidores de Cincuentopía una de estas acuarelas, que podemos encontrar en el Museo Albertina de Viena. Se trata de Flower Vase on The Table, pintada en los últimos años de su vida. En este trabajo advertimos su extraordinario dominio de los colores, su gran habilidad para dibujar formas con muy pocos trazos y su notable capacidad para transmitir una sensación de calma que de forma gradual se apodera de quien lo ve.

La producción de Lovis Corinth fue incluida dentro de la categoría de arte degenerado durante la etapa de dominio nazi. Pese a todo, ha soportado el paso del tiempo y hoy podemos disfrutar de buena parte de sus más de 900 obras (óleos, acuarelas, dibujos, grabados, litografías…) repartidas por pinacotecas de todo el mundo. Entre ellas se incluyen (además del ya referido Museo Albertina) el Kunsthistorisches Museum de Viena, el MoMa de Nueva York o el Musée d’Orsay de París.

Como colofón de este análisis, incluimos un vídeo extraído del canal inesvigo. En él podemos advertir la variedad de técnicas, motivos y corrientes que se integran en su persona.

 

Charo Onieva

Su curiosidad la ha llevado a desarrollar distintos proyectos de emprendimiento en los entornos offline y online. Impulsora de Cincuentopía.