Encontrar maravillas escondidas es uno de los grandes retos ante los que se encuentra el turista cuando emprende un viaje. En épocas de restricciones en los desplazamientos, esta máxima gana en vigor si cabe.

Las maravillas escondidas pueden aparecer de las formas más insospechadas: a veces es una mera consecuencia de la casualidad (una calle que se torció sin saber bien el porqué, una puerta que se decidió abrir no sin superar el apuro inicial…), otras procede del boca a boca y no es tan infrecuente que las encontremos en nuestro propio lugar de origen aunque hasta aquel momento nos hubieran pasado inadvertidas.

La primera de ellas se sitúa en la zona central de Escocia. Posibilidades como Stirling, Los Trossachs, Fife, Saint Andrews o Perthshire o Kinross entran con claridad en la categoría de maravillas escondidas. Todas ellas resultan paradas obligadas para cualquiera que quiera recorrer esta franja de tierra de apenas 9.200 kilómetros cuadrados de superficie.

Y de ahí nos vamos al portentoso convento de las Comendadoras de Santiago el Mayor en Madrid, uno de los ejemplos más representativos del barroco madrileño, con la inestimable compañía de la arquitecta Emanuela Gambini. Su construcción, demorada inicialmente durante  más de 75 años, se llevó a cabo a lo largo de los siglos XVII y XVIII bajo los respectivos proyectos de Manuel y José del Olmo, Francisco de Moradillo y Francisco de Sabatini.

Nuestro último salto nos dirige a cinco parques europeos, a cual más bello y subyugante, ubicados en cinco capitales de muy distinta condición, orografía y clima: El Retiro (Madrid, Hyde Park (Londres), Prater (Viena), Tiergarten (Berlín) y Vigeland (Oslo).

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».