La leyenda de Rafael Alberti comienza con su primer libro, Marinero en tierra, por el que recibe el equivalente al Premio Nacional de Poesía (entonces bajo la denominación de Concurso Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía) de 1925 y que le permite entrar por la puerta principal del olimpo literario. Por tanto, nada mejor que esta obra para proseguir nuestro recorrido de verano por el legado de la Generación del 27.

Cuando Rafael Alberti (1902-1996) publica Marinero en tierra apenas cuenta con 21 años. Aunque su vocación inicial parecía más orientada a la pintura, el prematuro fallecimiento de su padre le impulsa a escribir sus primeros versos en 1920. Tras una afección pulmonar de la que se recupera en la sierra de Guadarrama de Madrid comienza a frecuentar la Residencia de Estudiantes y entra en contacto con Aleixandre, Diego, García Lorca, Guillén…

Marinero en tierra contiene buena parte de los grandes rasgos de la poética de Rafael Alberti en sus primeros momentos: imágenes luminosas y repletas de musicalidad, notable capacidad para la versificación armoniosa, tono de cierta nostalgia (en este caso debido a la imposibilidad de ver el mar), preocupación por el prójimo, cierta propensión a la bonhomía humanista.

Llama la atención la notable madurez del poeta gaditano, su considerable capacidad para integrar tradición y modernidad, la versatilidad y habilidad a la hora de mezclar versos endecasílabos y alejandrinos con estrofas de arte menor, la inusual combinación del lenguaje de la calle con las metáforas más atrevidas, el magnífico engranaje de las distintas partes en que se subdivide la obra.

En las páginas del libro de Rafael Alberti advertimos ecos de la lírica amorosa de Garcilaso de la Vega, del simbolismo de Verlaine, del surrealismo de Rimbaud, de la poesía pura de Juan Ramón Jiménez…

Marinero en tierra se estructura en tres partes: la primera consta de un prólogo y diez sonetos; la segunda contiene treinta y tres canciones; y la tercera, que es precedida por una alentadora carta de Juan Ramón Jiménez, tiene sesenta y cuatro poemas. Todas ellas son muy distintas entre sí y, al mismo tiempo, dotan a la totalidad del libro de una coherencia formidable gracias al notable saber hacer del escritor.

He escogido dos ejemplos para comprender el alcance que tuvo en su momento Marinero en tierra y también para percibir la vigencia del libro casi un siglo después de ser escrito. El primero de ellos corresponde al poema Trenes: “Tren del día, detenido / frente al cardo de la vía. / -Cantinera, niña mía, / se me queda el corazón / en tu vaso de agua fría. / Tren de noche, detenido / frente al sable azul del río. / -Pescador, barquero mío, / se me queda el corazón / en tu barco negro y frío”.

Y el segundo se refiere a la composición Pirata, cuyos primeros versos son los siguientes: “Pirata de mar y cielo, / si no fui ya lo seré. / Si no robé la aurora de los mares, / si no la robé, / ya la robaré”.

Leer Marinero en tierra es acercarnos, desde una posición privilegiada, al universo poético de uno de los más grandes creadores líricos de la literatura española del siglo XX. Más allá de cualquier otra consideración de carácter extraliterario.

——————————————————————–

Rafael Alberti. Marinero en tierra. Alianza Editorial.

——————————————————————–

David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.