Egon Schiele entra por la puerta grande de la serie Mirar un cuadro de Cincuentopía con su obra Autorretrato tirándose de la mejilla, uno de los muchos autorretratos que realizó a lo largo de su muy corta vida.

Quizá Schiele (1890-1918) represente el paradigma de la combinación entre precocidad e inusitada capacidad de producción. Inusitada capacidad porque pese a que falleció antes de cumplir los treinta años se conservan más de 3.000 de sus obras, incluyendo óleos, acuarelas, dibujos y elementos de experimentación fotográfica.

Y desde luego acaso sea la palabra precocidad la primera que nos viene a la mente al adentrarnos en esta obra realizada sobre papel de embalaje marrón que combina la tiza, la acuarela y los colores opacos. Porque cuando la pintó en 1910 el artista apenas contaba veinte años.

¿Qué nos quiso transmitir el pintor con este autorretrato frontal en el que se lleva una mano a la mejilla de la que tira hacia abajo para abrirse el ojo mientras que con la otra parece acariciarse la boca del estómago? ¿Será un mero reflejo de su timidez como han apuntado algunos especialistas o tendrá más que ver con esa tradición germana basada en realizar autorretratos adoptando la inequívoca actitud de un hombre apenado o en realidad no era otra cosa sino un preámbulo de un óleo más extenso cuya rastro se ha perdido hasta la fecha?

En realidad qué nos importa cuando nos podemos extasiar ante tamaño virtuosismo. Porque mirar con atención Autorretrato tirándose de la mejilla es hallar algunos de sus principales rasgos como magno representante del expresionismo austriaco, es encontrarnos ante su singular esquematismo introspectivo: la excepcional destreza en su trazo, el uso sistemático de motivos como la tensión sensual y la soledad del ser humano, la utilización del espacio como elemento de vacío existencial o la introspección psicológica.

Y desde luego también es percibir el empleo de las líneas gruesas como elemento que permite acentuar el dibujo de las figuras humanas, un rasgo ligado a su maestro Gustav Klimt, aunque en el caso de Schiele con el añadido del empleo del color en contra de los cánones naturalistas y en esa utilización de dicha figura humana no sólo en el plano de lo estético sino como referente conceptual y moral.

Cada vez que nos nuestros ojos contemplan la obra el retratado parece advertírnoslo: tened cuidado conmigo, ciudadanos de moralidad intachable, soy yo, el apestado por la sociedad vienesa de comienzos del siglo XX; soy yo, a quien habéis acusado de cuasi-incesto y de corrupción de menores y de pornografía; soy yo, al que habéis metido en prisión cansados de mis excesos; soy yo, quien os escandaliza con mis obras plagadas de desnudos femeninos y masculinos.

En Cincuentopía nos hemos referido en unas cuantas ocasiones a Schiele: al aludir a su temprano fallecimiento como consecuencia de la conocida como gripe española (igual que su esposa Edith embarazada de seis meses o que su amigo y maestro Klimt), que nos impidió conocer hasta dónde hubiera llegado su universo creativo o cuando lo hemos comparado con otros pintores austriacos de entreguerras como Klimt o Kokoschka. Por cierto, en este vídeo de RTVE pueden verse algunos aspectos adicionales de Egon Schiele con motivo de la magna exposición que en 2012 le dedicó el Museo Guggenheim de Bilbao.

Autorretrato tirándose de la mejilla se conserva en el Museo Albertina de Viena, como una apreciable parte de la obra de Schiele (los otros dos lugares de referencia serían la Galería Belvedere y el Museo Leopold, ambos también en la capital austriaca).

La serie Mirar un cuadro de Cincuentopía se compone hasta este momento de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».