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El señor y la señora Clark con Percy de David Hockney se incorpora a la sección de Mirar un cuadro de Cincuentopía.

Aludir al británico David Hockney (1937) es referirse a uno de los más grandes artistas del último tercio del siglo XX y comienzos del XXI, aspecto que concita una rara unanimidad entre la crítica especializada y el público siempre ávido de admirar su trabajo. En 2018 una de sus obras se vendió en subasta pública por un precio superior a los 90 millones de dólares, lo que le convirtió en el pintor vivo más cotizado.

El señor y la señora Clark con Percy forma parte de una serie de retratos dobles de amigos famosos del artista plasmados durante la década de los setenta (en este caso representa al diseñador de moda Ossie Clark y a su por entonces esposa la diseñadora textil Celia Birtwell). Fue pintado entre la primavera de 1970 y comienzos de 1971 (aunque comenzó a realizar dibujos y fotografías en 1969) y como curiosidad, se trata de uno de los dos únicos cuadros explícitos de Londres (el otro es La habitación, Manchester Street pintado unos años antes) que David Hockney produjo antes de trasladarse a California.

Todo es tan fascinante en esta pintura acrílica sobre lienzo que corremos el riesgo de quedarnos bloqueados ante tamaña belleza y semejante demostración de talento. Desde luego cometeríamos un error si nos limitáramos a contemplarlo como un mejor ejemplo de naturalismo realista porque la obra va mucho más allá hasta el punto de que no resultaría osado asegurar que el creador está experimentando con nuevas fórmulas para construir un retrato.

¡Qué capacidad para la captación de la personalidad recogida en el cuadro, para conseguir que el espectador forme parte de la obra incluso aunque no lo desee, para la tamización hasta el extremo de los colores con el fin de alcanzar unos efectos cromáticos cuasi imposibles, para la superposición de plano sobre plano hasta proporcionar una sensación de infinitud, para, en suma, integrar los elementos inanimados con los personajes animados y conformar un escenario que va más allá de lo estético y se adentra en la categoría de lo moral!

¿Cómo se pueden pintar las siluetas contra la luz sin desequilibrar el cuadro, de qué manera conseguir que las figuras humanas aparezcan a escala casi real dadas las dimensiones de la obra, cuáles son los procedimientos para dotar a los lirios que aparecen en primer plano de tamaña corporeidad? Quizá la única posible respuesta a tantas cuestiones radique en la genialidad indiscutible de David Hockney.

Hay quien encuentra en esta composición reminiscencias del famoso cuadro El matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck (aunque en ese caso el animal que figuraba era un perro y no un gato) y quien afirma que el abismo entre la pareja representada por la ventana abierta y la mirada del tercero (artista o espectador) daba a entender la escasa consistencia del matrimonio (en este sentido la pareja se rompió a los cinco años).

El cuadro es propiedad de la Tate Gallery, integrada en la Tate Collection, pero ¡atención!, si queremos verlo allí hemos de tener en cuenta que de cuando en cuando es prestado a otros museos, por lo que conviene asegurarse previamente de que no ha emprendido uno de sus habituales ciclos itinerantes.

La serie Mirar un cuadro de Cincuentopía se compone de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».

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