Edward Hopper irrumpe en la serie Mirar un cuadro de Cincuentopía con su inquietante obra Gente al sol, uno de los cuadros más sobresalientes de uno de los artistas emblemáticos de la pintura universal del siglo XX.

¿Qué es lo que hace tan inquietante a Hopper (1982-1967), qué es lo que tanto nos perturba de sus obras en general y de una obra como Gente al sol en particular? Porque las figuras que aparecen en sus cuadros jamás se hallan en actitud agresiva ni empuñan arma alguna ni se ubican en escenarios de marcado dramatismo.

Y aquí tenemos un buen ejemplo de todo ello: en apariencia las personas que vemos son la antítesis de la inquietud, todas ellas vestidas con extrema formalidad, sentadas (casi repantingadas) en sus hamacas, en actitud apacible mientras se dejan acariciar por el sol.

¿Será tal vez porque no sabemos bien qué es lo que mira el quinteto, tendrá que ver con la imposibilidad de ver el rostro detallado de los retratados, tal vez su quietud resulte en exceso llamativa en ese entorno? ¿O acaso lo que tanto nos intranquiliza sea su actitud de incomunicación, su aparente falta de interés en los prójimos que los circundan?

Edward Hopper es un pintor sumamente peculiar en el panorama artístico de los primeros dos tercios del siglo XX. No es fácil encontrarnos ante un gran maestro que hiciera tan poco caso a todas las tendencias que le rodeaban, en apariencia impermeable a los diferentes istmos de variada índole que se sucedían a vertiginosa velocidad. Casi imposible hallar rastro cualitativamente significativo de las vanguardias europeas ni del expresionismo abstracto o el pop art americanos en su producción pictórica.

Y sin embargo con su continuado quehacer a lo largo de cinco décadas nos legó un universo conceptual y creativo propio, tan marcado y reconocible como espléndido y virtuoso, en el que vectores como el aislamiento, la mediocridad o la futilidad se yerguen con particular brío y un poderío visual pocas veces visto en toda la historia de la pintura.

La composición de Gente al sol es excepcional, más si cabe en su aparente sencillez: las sillas escalonadas con precisión, el contraste entre las luces y las sombras tan marcado como resulta habitual en el artista, el empleo de la luz para crear contornos desiguales, el férreo encuadre cual si hubiera sido trazado mediante un escoplo, el contraste entre la horizontalidad de casi todos sus elementos y la verticalidad de la mínima parte de edificio que aparece en la izquierda, la distribución por capas que comprime cielo, montaña, hierba y tierra…

La consecuencia es una obra soberbia, propia de un virtuoso, de una singular tristeza de naturaleza cuasi agorafóbica; un lienzo desasosegante, en el que algunos analistas inclusos ven reminiscencias del holocausto nuclear (cuando Hopper la pinta en 1960 la guerra fría se encontraba en su apogeo y el pánico ante lo atómico era bien perceptible en la sociedad estadounidense); un prodigioso legado que hoy disfrutamos gracias a la genialidad del creador.

Podemos ver Gente al sol de Edward Hopper en el Smithsonian American Art Museum ubicado en Washington D.C.

Hasta el momento la serie Mirar un cuadro de Cincuentopía incluye las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».