La primavera, la enigmática pintura de Sandro Botticelli, se incorpora a la serie Mirar un cuadro desarrollada desde Cincuentopía a lo largo de estos últimos meses.

Son muchas las incógnitas que rodean a esta obra. Acaso la principal de ellas sea su auténtico significado: ¿es una alegoría, la representación de un matrimonio entre conocidos del artista, una exaltación de las artes liberales en clave nupcial, una velada referencia neoplatónica?

En realidad poco importa dada la belleza del cuadro ante el que resulta casi imposible no quedar boquiabierto. Sandro Botticelli (1445-1510), cuyo verdadero nombre era Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, fue el pintor favorito de la Corte de Lorenzo de Médicis, en un momento de fundamental importancia para el florecimiento de las artes en la Florencia del siglo XV. Gran retratista, notable pintor religioso y dibujante, se sitúa por derecho propio entre los grandes de los grandes, por lo que poco más se puede decir de él que ya no se haya escrito.

Botticelli pintó La primavera en los años finales de la década de los setenta del siglo XV, en un momento en que las enseñanzas recibidas de artistas como Filippo Lippi o Antonio Pollaiuolo ya le habían permitido conformar un estilo reconocible.

La primavera es un prodigio de composición, de una precisión exacerbada pero también de una complejidad que en ocasiones pasa desapercibida. Con qué maestría el sutil movimiento de los personajes es puesto al servicio de una estructura narrativa específica (ese sentido narrativo, concebido como la posibilidad de contar una historia compleja en un lienzo, era muy común en el Renacimiento en general y en el caso de la escuela florentina en particular).

Ahí tenemos los diferentes grupos diseminados por la obra, todos con un microentorno propio y al mismo tiempo todos interconectados entre sí: el de Céfiro, Cloris y Flora; el de Castitas, Pulchritudo y Voluptas; y en vaporoso contraste se encuentran Cupido, Venus y Mercurio.

Parece difícil decir qué es lo que más llama la atención del cuadro: si las figuras refinadas hasta la sofisticación o el contraste cromático entre el mundo que vemos en un primer plano y el que adivinamos más allá del lienzo; si el excelente modelado de las figuras o la delicadeza con que pinta los elementos paisajísticos.

En su momento La primavera estuvo expuesta en la residencia veraniega de la familia Médicis. Hoy se encuentra en la Galería de los Ufizzi de Florencia.

La serie Mirar un cuadro de Cincuentopía se compone de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».