Ante la buena acogida obtenida, continúa la serie Mirar un cuadro de Cincuentopía. Esta vez elegimos una de las pinturas más misteriosas de todos los tiempos: La tempestad de Giorgione.

Pese a los esfuerzos de historiadores, eruditos y especialistas en arte la figura del pintor italiano Giorgione (1477-1510), cuyo nombre era Giorgio Barbarelli da Castelfranco, continúa siendo un misterio. Y no sólo por los escasos datos que se conocen sobre su vida (en un determinado momento dado llegó a considerarse la posibilidad de que jamás hubiera existido) sino sobre todo por las dudas que hay acerca de sus obras dado que las que se le atribuyen con certeza pueden contarse casi con los dedos de una mano.

La tempestad es una de esas excepciones (aunque no conozcamos la fecha exacta en que se pintó, lo más probable ya en los primeros años del siglo XVI). Todo es notable en este cuadro. Acaso uno de los aspectos que más llame la atención sea el paisaje (formado por la ciudad de la colina y el relámpago del centro) como elemento narrativo particularmente poderoso. Hasta tal punto es así que determinados analistas han llegado a afirmar que en esta obra se encontraría la semilla de la que nació la tradición de la pintura paisajista del siglo XVII.

No menos relevantes son las figuras humanas del primer plano. Imposible no emocionarse ante la contemplación de la figura de la mujer sentada a la derecha que amamanta a un bebé, cubierta por un lienzo blanco que le recubre los hombros (símbolo sugerente pero también de pureza e inocencia) y cuya actividad podría simbolizar tanto la fertilidad como la maternidad o incluso la caridad según algunos críticos.

Y también es de sumo interés el hombre, identificado por algunos como un soldado pero por otros como un pastor (por cierto, los rayos X han revelado que originariamente se trataba de una mujer), de figura airosa cuya postura se adapta a las reglas del clásico contrapposto que le proporciona una singular sensación de movimiento y rompe la tradicional ley de la frontalidad.

Pero sin duda el gran protagonista del cuadro es ese soberbio, inexcrutable y asombroso cielo oscuro, que aporta particular tensión a la obra. No es un cielo negro sino de sutiles tonos verdes y azulados, que transmite el poder de la naturaleza aunque no de forma macabra sino con un ligero punto de dulzura.

La tempestad constituye una excelente síntesis de las principales características de Giorgione: la riqueza cromática (en este caso con predominio de los colores fríos), el hermetismo epistemológico que permite toda clase de interpretaciones sobre sus composiciones, el papel relevante del paisaje…

La tempestad de Giorgione se conserva actualmente en la Gallerie Accademia de Venecia.

Otras entradas correspondientes a la serie Mirar un cuadro son:

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Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».

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