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Música y cine: un binomio difícil de gestionar

Música y cine: un binomio difícil de gestionar

Música y cine constituyen un binomio no siempre bien avenido. De hecho los músicos padecemos un síndrome, todavía sin nombre, que nos imposibilita el visionado de películas y series en las que el actor protagonista tiene que representar a un músico profesional.

Es una dolencia grave que se produce al contemplar a esos actores tratando de reproducir el gesto de un músico y normalmente te hace retorcerte en el asiento tapándote la cara para evitar contemplar una escena casi de terror. Convencer al público de que alguien está tocando un instrumento sin tener ni idea de música es una de las tareas más difíciles encomendadas a un actor. Intentaré repasar algunos ejemplos paradigmáticos de los que guardo en la memoria.

Directores de orquesta en la gran pantalla

Prova d’orchestra de Federico Fellini

Hemos visto cómo el gesto en la dirección de orquesta es un terreno técnico insondable, ya que cada director tiene sus maneras. Para darse cuenta de lo necesaria que es su labor lo mejor es la observación de las películas en las que el personaje principal interpreta a un maestro. Un actor haciendo de director de orquesta, aunque sea John Gielgud dirigido por Andrzej Wajda, es una muestra muy clara de lo necesaria que es una buena técnica. Los actores cotizados suelen tener entrenadores, conducting coach, que les muestran cuál es el gesto adecuado, sin embargo, la mayoría fracasa en este ejercicio. Incluso los espectadores menos acostumbrados a los conciertos acaban dándose cuenta de que no tiene nada que ver el gesto del actor con la música que suena. La lista de personajes es larga, porque este género ha sido un alimento básico del cine, como en la deliciosa película de Fellini Prova d’orchestra (Ensayo de Orquesta) en la que el gesto del director-actor, Balduin Baas, es terrorífico, aunque en este caso el propio esperpento lo podría justificar.

Cate Blanchet en TÁR

El problema real, que los espectadores músicos profesionales detectan en seguida, reside en que el actor va siguiendo la música y no es la música la que va siguiendo el gesto del actor. Cuando vemos a un actor-director mover los brazos se nota demasiado que va detrás de la música, normalmente en playback. Es decir, la orquesta no reacciona a su gesto sino que el actor va bailando con los brazos al hilo de la música. Esto, que no es tan difícil de observar, ocurre a veces en la vida real profesional. Hay orquestas, normalmente las muy tradicionales, que cuando no son ‘partidarias’ del director invitado de turno, por decirlo de forma suave, deciden tocar por su cuenta y hacen caso omiso a cualquier indicación del director, tocan solos. Incluso hay orquestas que llegan a exigir la sustitución del maestro. Recientemente, recibo noticia de la película TÁR (2022), en la que Cate Blanchett interpreta a una directora de orquesta. En este vídeo promocional de la película comprobarás el efecto (a partir del minuto 1:27) y puedes también experimentar el síndrome.

Instrumentos diseñados de espaldas a los actores

Ese gesto retardado respecto a la música se da también en lo que a imitadores de instrumentistas se refiere, aunque siempre hay “trucos de cámara” que ayudan. Para muchas películas musicales se contrata a un músico de verdad que rueda los primeros planos de las manos moviéndose y extrayendo el sonido de los instrumentos. Muchos son los ejemplos, de forma que por no hacer esto interminable me referiré tan sólo a esas películas que bien podrían quedar como las mejores en cuanto a la consecución de los propósitos relatados. Películas con algo más de cincuenta años, tiempos en los que los trucos cinematográficos eran mucho más complicados de ejecutar. Una película realmente lograda sobre la vida de una pianista es Song of Love (Clarence Brown 1947), con Paul Henreid y Robert Walker, donde Katharine Hepburn hace el papel de Clara Schumann. La oscarizada y difícilmente categorizable actriz -a pesar de la universalidad de sus registros a mí siempre me ha parecido demasiado Hepburn- realmente parece que toca el piano, labor nada sencilla cuando además se está recreando la vida de una de los mejores compositores y pianista de su tiempo, incluso mejor que el propio Robert Schumann.

Katharine Hepburn en su interpretación de Clara Schumann en Song of Love

Por completar el capítulo de actores haciendo de pianistas de forma creíble hay que recordar Shine (Scott Hicks 1996) donde Geoffrey Rush convenció al mundo de que él mismo era el protagonista de la historia real interpretando al desequilibrado pianista David Helfgott tocando el dificilísmo tercer concierto de Rachmaninov, Rach3.

Geoffrey Rush es David Helfgott en Shine

No me puedo dejar en el tintero otra gran “oldie” de Charles Vidor, con Vittorio Gassman, claramente doblado como violinista, pero impresionantemente trucado, junto a una Elisabeth Taylor que, afortunadamente para ella, no tiene oportunidad de demostrar sus dotes pianísticas en Rapsodia (1954). Aparte lo empalagoso de la historia y de algunas escenas, Gassman hace un papel muy creíble violinista.

Rapsodia, de Charles Vidor

Un violinista más, menos cincuentópico, pero referencia ineludible de gran papel musical es el chino Tang Yun Together (2002), film del magistral cineasta Chen Kaige, que por cierto también ha hecho exitosas incursiones como director de escena en el mundo de la ópera. El joven Tang Yun además de actor sabía tocar el violín, no hay más que ver cómo sostiene el arco. Mucho mejor que Russell Crowe en Master and Commander. Aunque el australiano recrea el papel de un marino, no de un violinista, la música que suena de fondo es increíblemente buena como para conseguirla con el “escorzo” adoptado por Crowe.

Rusell Crowe intenta que parezca que sabe coger un violín

Músicos y actores mezclados

Son muchos más los ejemplos de música y cine, la verdad, y el espacio sólo da para un botón de muestra. Cabría referirse aquí a los actores que interpretan a cantantes, haciendo playback claro está, pero el artículo se alargaría demasiado teniendo que incluir a grandes cantantes interpretándose a sí mismo y demostrando lo difícil que resulta hacer playback bien, con algunos desastres míticos. La magia del cine nos hace escuchar la música con una intensidad y una calidad que no se da en el mundo real. Así ocurre con la magnífica banda sonora del Amadeus de Milos Forman, cuando vemos a Tom Hulce tocando uno de los conciertos para piano de Mozart, al aire libre, en un pianoforte al uso y al que realmente hubiera sido imposible sacar un sonido tan excelente como el que se escucha y que le hubiera gustado escuchar al propio Wolfgang.

Y tampoco es pequeña la nómina de actores que, con conocimiento de causa por tener estudios musicales, han representado a grandes figuras de la música y logran una más que convincente actuación. Luego queda la labor del director cinematográfico y/o del montador que ayuda o dificulta la calidad expresiva de la imagen musical. En la actualidad hay grandes películas que reflejan la música pretendida, con la calidad que se merece y esperamos que siga ampliándose esa tendencia.

La próxima vez que tú, querido lector, veas una película con un actor “imitando” el gesto del músico pregúntate si lo está haciendo de verdad. Si has llegado hasta aquí y recuerdas alguna actuación especialmente interesante en este sentido no olvides dejar tu comentario sobre eñ binomio música y cine. Por cierto, el nombre es “Síndrome del Actroz-Músico o Santiagomarias” y los síntomas quedan aquí descritos.

Otras entradas sobre música clásica de Santiago Martínez Arias publicadas en Cincuentopía son:

[author] [author_image timthumb=’on’]https://cincuentopia.com/wp-content/uploads/2017/09/Santiago-Martínez-Arias.jpg[/author_image] [author_info]Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA. [/author_info] [/author]

Tags: CONTAR, DESTACADOS, FANTASEAR

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1 comentario. Dejar nuevo

  • María Villar
    enero 11, 2024 9:55 am

    Como exviolinista amateur, no puedo evitar fijarme en esos detalles, algo quizá un poco fastidioso, que no me permite disfrutar de la película por lo que es: una recreación.
    ¡Saludos, maestro!

    Responder

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