Aludir a Apocalypse Now es hablar de un monumento cinematográfico que a partir de hoy se incorpora a esta sección de Películas cincuentópicas.

Estrenada en 1979 y dirigida por Francis Ford Coppola casi todo resulta mítico en torno a este film: las formidables dificultades en su proceso de producción, los sonados enfrentamientos entre diferentes componentes del equipo técnico y artístico, las especulaciones sobre su verdadero final…

Pero más allá de tales consideraciones Apocalypse Now constituyó un poderoso puñetazo en el estómago de los espectadores y, por supuesto, también de los que hoy forman parte de la generación de Cincuentopía.

¿Cómo olvidar la música de Wagner en la memorable escena de los helicópteros, el rostro del capitán Willard que surge del fango, el horror y la locura pintados en los semblantes del coronel Kurtz y del teniente coronel Kilgore?

El reparto de Apocalypse Now es verdaderamente espectacular. La simple mención de algunos de los componentes de su elenco nos pone la carne de gallina: Marlon Brando, Martin Sheen, Robert Duvall, Frederic Forrest, Dennis Hopper, Harrison Ford (sí, también aparece, aunque apenas unos segundos), Scott Glenn, Laurence Fishburne…

El guion del film está basado en la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad aunque en este caso la acción se traslada del continente africano a finales del siglo XIX (en el libro) a la guerra de Vietnam.

Apocalyse Now ganó dos Premios Óscar (fotografía y sonido) de los ocho a los que aspiraba (entre ellos los principales) y obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes. A partir de ese momento se fue convirtiendo en un film de culto y todo hace prever que lo seguirá siendo durante las próximas décadas.

Recordemos con todos los seguidores de Cincuentopía la famosa escena del ataque de los helicópteros mientras suena La cabalgata de las valquirias de Richard Wagner.

La serie sobre Películas cincuentópicas consta, hasta este momento, de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».