Cabaret constituye el film que se incorpora a la sección Películas cincuentópicas.

Estrenada en 1972 y dirigida por Bob Fosse, Cabaret es uno de esos «pelotazos» cinematográficos que de cuando en cuando se dan en esta industria: es decir, una película realizada con un coste no muy elevado (por debajo de los dos millones y medio de dólares) que proporciona a sus responsables una formidable recaudación (a los tres meses de su estreno ya había amortizado la inversión inicial y con el tiempo la multiplicó por casi veinte).

El film adapta el musical homónimo que desde mediados de los sesenta hacía las delicias de los espectadores de la época y que, a su vez, bebe de las fuentes de la novela Adiós a Berlín de Christopher Isherwood (que dio lugar con posterioridad a una obra de teatro).

Cabaret está protagonizada por Liza Minnelli, Michael York y Joel Gray, que en aquellos momentos tenían unos niveles de notoriedad muy por debajo de lo que alcanzaron con posterioridad, acompañados por actores como Marisa Berenson, Helmut Griem o Helen Vita, entre otros.

La película se ambienta en el Berlín de comienzos de los años treinta y narra la historia de amor entre la bailarina de un local nocturno de moda y un estudiante de Cambridge, siempre con el auge del nazismo como marco político.

Pero lo verdaderamente relevante de Cabaret fueron sus fabulosos números musicales en los que la intervención de su director, el gran coreógrafo Bob Fosse, resultó decisiva. Fosse creó una obra de arte redonda, uno de los grandes musicales de todos los tiempos, a juicio de los expertos en el tema. Veamos su mítico tráiler.

El film consiguió ocho Premios Óscar, incluyendo la Mejor Película (sí, le arrebató la estatuilla a El Padrino), Mejor Actriz, Mejor Director y Mejor Actor de Reparto.

La serie sobre Películas cincuentópicas consta hasta el momento de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».