Easy Rider. Pocas veces dos simples palabras resuenan con tanta fuerza en nuestras mentes y marcan la visión de unas imágenes particularmente poderosas que a partir de ahora quedan incorporadas a la serie sobre Películas cincuentópicas.

Con Easy Rider el subgénero de los road movie alcanza su clímax. Estrenada en 1969, fue dirigida por Dennis Hopper, quien también la interpretó en la compañía de Peter Fonda, Jack Nicholson, Phil Spector o Luke Askew.

La película narra el devenir de Billy y Wyatt, dos jóvenes que se embarcan en un viaje cruzando en motocicleta el suroeste y sur de Estados Unidos con el objetivo de asistir al carnaval Mardi Gras en Nueva Orleans. Para financiar su viaje, se sirven del tráfico de cocaína en la frontera con México, encontrándose con toda clase de personas y dando con sus huesos en la cárcel, de donde son sacados por un abogado muy peculiar.

Hablar de Easy Rider es hablar de motos y motoristas y aludir a una banda sonora que incorpora temas de solistas y conjuntos tan míticos como Byrds, Steppenwolf, The Band o Jimi Hendrix (quienes cedieron los derechos de las canciones) y que, como poco, se sitúa a la misma historia de las imágenes narradas, contribuyendo de forma decisiva a la creación de la singular atmósfera del film. Compartimos con los seguidores de Cincuentopía su tráiler.

La película obtuvo un formidable éxito, recaudando más de cien veces su presupuesto inicial (una relación muy difícil de alcanzar). Además, fue acogida con entusiasmo por parte de un considerable número de críticos, que destacaron su carácter de precursor de una nueva manera de filmar el cine.

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, Easy Rider se ha convertido en un hito del fenómeno conocido como contracultura y en un paradigma de un submundo que raramente aparecía en las películas producidas en Estados Unidos. Año tras año, crece el aura mítica que la rodea.

La serie Películas cincuentópicas está formada por las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».