El cazador constituye una de esas grandes películas que impactó sobremanera en todo tipo de públicos y también en la actual generación de cincuentópicos. Analicemos a continuación algunos de sus principales aspectos.

Dirigida por Michael Cimino y estrenada a finales de 1978, El cazador (en el original inglés The Deer Hunter y en Hispanoamérica El francotirador) narra la peripecia vital de tres obreros siderúrgicos de Pensilvania cuyas existencias rutinarias pero felices se transforman de modo irreversible como consecuencia de su incorporación a filas en la guerra de Vietnam y su posterior captura por el movimiento vietcong.

El reparto de la película se agiganta conforme pasan las décadas dada la ulterior trayectoria que han seguido sus protagonistas: Meryl Streep, Robert de Niro, Christopher Walken, John Savage, John Cazale, George Dzundza…

Desde el primer momento El cazador conoció un notable éxito de crítica y público. Todos cayeron rendidos ante la formidable potencia creativa de las escenas que iban desgranando las trayectorias vitales de sus tres protagonistas, un país entero (y los habitantes del planeta Tierra en su conjunto) se identificó con esa mezcla de película bélica, tragedia griega y filosofía existencialista.

El cazador obtuvo toda clase de galardones. Entre ellos se incluyen cinco Premio Óscar: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto (Christopher Walken ), Mejor Montaje y Mejor Sonido.

Pocas veces un elenco de actores brilló a tan alto nivel y desde luego jamás su director, Michael Cimino, alcanzó las cotas de excelencia en su posterior trayectoria profesional. También es difícil encontrar un final más brillante y emocionante que el que aquí se nos propone y que compartimos con todos los seguidores de Cincuentopía.

La serie Películas cincuentópicas está compuesta, hasta la fecha, por las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».