Una formidable ola a caballo entre la incredulidad, la ira y la sorpresa barrió las costas de los cinco continentes durante el año 1973 con el estreno de Jesucristo Superstar, que a partir de estos momentos se incorpora a la serie dedicada a las películas cincuentópicas.

Dirigido por Norman Jewison y basado en el musical del mismo nombre de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, Jesucristo Superstar se centra en el conflicto acaecido entre Judas Iscariote y Jesús de Nazaret durante la semana anterior a su crucifixión. Se inicia desde poco antes de la entrada en la ciudad de Jerusalén (ubicada entre ruinas, en medio de un desierto calcinante, habitada por hippies y una clase sacerdotal políticamente acomodada a los invasores romanos) y concluye con la crucifixión.

La película fue protagonizada por Ted Neely, en el papel de Jesús de Nazaret, Carl Anderson, en el de Judas e  Yvonne Elliman, como María Magdalena. Ninguno de ellos tuvo con posterioridad una carrera particularmente destacada, siendo esta película su culminación dentro de la industria cinematográfica.

En su momento el film desató todo tipo de polémicas: por tratar la figura de Jesucristo y hacerlo de una manera tan distinta a la usual, por mezclar sentimientos religiosos con la ideología hippy, por optar por un Judas Iscariote negro en lo que fue considerado como un acto de racismo por parte de determinados sectores…

Pese a todo ello, tuvo un éxito clamoroso, destacando sobre todo por su portentosa música, cuyos temas fueron cantados por millones de personas en todo el mundo.

Compartimos con los seguidores de Cincuentopía uno de los momentos culminantes, la entrada de Jesús en Jerusalén al grito de «Hosanna, hey».

Hasta el momento la serie centrada en películas cincuentópicas se compone de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».