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La huella se incorpora, con méritos más que indudables, a esta sección de Películas cincuentópicas en la que rememoramos algunos de los grandes filmes para la actual generación de cincuentópicos.

Dirigida por Joseph L. Mankiewicz y estrenada a finales de 1972, La huella se sustenta en tres pilares fundamentales: la labor del realizador, uno de los más grandes directores de toda la historia del cine, el texto de Anthony Schaffer (autor de la obra de teatro y guionista del film) y las formidables interpretaciones de Laurence Oliver y Michael Caine.

Con estos mimbres se construye una historia vibrante, que atrapa al espectador desde el primer fotograma y que en ningún momento se resiente de tan escaso número de actores. Andrew Wyke (al que interpreta Laurence Olivier) es un escritor de novelas de misterio al que apasionan las adivinanzas y los juegos de enredo. Un día recibe en su mansión en el campo a Milo Tindle (Michael Caine), que regenta varias peluquerías y mantiene una relación sentimental con la esposa de Wyke, con la que piensa casarse. A partir de ahí van surgiendo las complicaciones y las sorpresas.

Más allá del argumento, el texto constituye una notable crítica a la sociedad británica, sobre todo a su aristocracia, que es extraordinariamente cincelada por los protagonistas de la cinta. Deleitémonos a continuación con una de las escenas de La huella.

La película fue candidata a cuatro Premios Óscar aunque no logró ninguno de ellos (fue la edición de filmes tan memorables como El padrino o Cabaret). En 2007 se realizó un remake dirigido por Kenneth Branagh, con Michael Caine interpretando el papel de Laurence Olive y Lude Law encargándose del rol de Caine.

La serie sobre Películas cincuentópicas se compone, hasta la fecha, de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».