Novecento, el notable film de Bernardo Bertolucci, se incorpora a partir de este momento a la sección de Películas cincuentópicas de este cibermedio.

Novecento es, para muchos expertos y analistas, más que una película: es un emotivo canto a la libertad, una profunda oda a la amistad, una sutil disección de los totalitarismos…

Lo cierto es que Bernardo Bertolucci presentó su creación en 1976 con una acogida muy desigual: para algunos era una obra maestra pero para otros se trataba de un tostón de mucho cuidado. Quizá debido a ello el filme fue objeto de múltiples montajes para tratar de reducción su metraje original que excedía de cinco horas.

La película narra la historia de Italia de la primera mitad del siglo XX, tomando como punto de partida la fecha del 27 de enero de 1901, día en que fallece el compositor Giuseppe Verdi y nacen los niños Olmo Dalcò y Alfredo Berlinghieri, representantes de los trabajadores y de los terratenientes respectivamente.

Novecento incorpora un plantel de intérpretes verdaderamente espectacular, de hecho se trató de una formidable superproducción que implicó a distintos países europeos. Entre otros brillan con particular intensidad los nombres de Robert de Niro, Burt Lancaster, Gerard Depardieu, Donald Sutherland, Dominique Sanda, Francesca Bertini, Sterling Hayden, Stefanía Sandrelli…

Además, la película cuenta con dos avales técnicos de primer nivel: la formidable fotografía de Vittorio Storaro y la no menos fabulosa música de Ennio Morricone. Deleitémonos con esta última.

Poco a poco el tiempo ha ido situando en su verdadero lugar a Novecento. Es cierto que determinadas referencias ideológicas han quedado obsoletas pero no lo es menos que su carácter de gran epopeya permanecerá por siempre en nuestras retinas cincuentópicas.

Otras entradas que forman parte de la sección Películas cincuentópicas son:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».