Todos los hombres del presidente figura a partir de este momento entre los diferentes filmes que forman parte de las Películas cincuentópicas.

Presentada en 1976, Todos los hombres del presidente narra la investigación llevada a cabo por los periodistas del diario Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, con motivo del célebre escándalo Watergate protagonizado por el entonces máximo responsable de Estados Unidos, Richard Nixon.

El film se basa en el libro homónimo que ambos profesionales de la información publicaron en 1974, en el que relataban cuál había sido el proceso de investigación periodística que había concluido al cabo del tiempo con la dimisión de Nixon.

Dirigida por Alan Pakula y con guion de William Goldman, Todos los hombres del presidente cuenta con un reparto verdaderamente espectacular, que es encabezado por Dustin Hoffman y Robert Redford y en el que también figuran actores de la talla de Jason Robards, Martin Balsam, Jack Warner, F. Murray Abraham, Dominic Chianese, Ned Beatty o Hal Holbrook, entre otros muchos.

A diferencia del libro, la película cubre únicamente los primeros siete meses del escándalo de Watergate, desde el momento de la incursión en el edificio de dicho nombre en julio de 1972 hasta la toma de posesión de Richard Nixon en enero de 1973 (en el libro este periodo se prolonga hasta enero de 1974, cuando el presidente se dirige al congreso con motivo del discurso del estado de la unión). No obstante, incorpora algunos añadidos en forma de noticias mecanografiadas que dan cuenta de cómo el conjunto de acontecimientos concluyó con la dimisión presidencial.

Sin duda buena parte de los actuales seguidores de Cincuentopía disfrutaron con la densa tensión narrativa de un filme que no dejó a nadie indiferente y que obtuvo una magnífica acogida por parte del público y también de la crítica, logrando entre otros muchos galardones cuatro Premios Óscar. Recordemos aquí el tráiler.

La serie sobre Películas cincuentópicas se compone de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».