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El Museo Reina Sofía de Madrid acoge una exposición dedicada a Pep Agut durante los días 22 de abril al 29 de agosto de 2021. El evento tiene lugar en el Palacio de Cristal, dentro del parque del Retiro.

«Pepe Agut. Meridiano de Madrid: sueño y mentira» se aproxima al trabajo de este artista a partir de un proyecto específico que cuestiona el espacio del arte como espacio público por excelencia imbricando, como suele ser habitual en su práctica, el reto plástico con un posicionamiento político.

El trabajo de Pep Agut (Terrassa, 1961), en ocasiones enmarcado en el posconceptualismo de la década de 1990 en España, reflexiona en gran medida acerca del rol del artista, los problemas de representación y el lugar del arte. Agut, que con frecuencia se sirve de cierta ironía, manifiesta un posicionamiento crítico con respecto a la autoría y el mundo del arte, que entiende como producto de una sociedad lacrada por el espectáculo en la que el arte se ve reducido a mera mercancía económica y a una escenografía elemental que revierte en el sistema neoliberal.

Sus proyectos y obras, en los que emplea diferentes medios y técnicas, son el resultado de largos e intensos procesos de investigación cuyo objeto fundamental es devolver al arte su dimensión de espacio público atemporal donde la narrativa y el texto suelen aflorar como factores inherentes a la misma plástica; el propio artista reconoce sentirse más permeable a escritores como Maurice Blanchot o Emmanuel Lévinas que a los artistas contemporáneos.

A lo largo de su trayectoria Pep Agut ha coordinado y participado en numerosos seminarios, conferencias y debates sobre arte. Su trabajo ha estado presente en la 45ª Bienal de Venecia (1993), Prospekt (1996) o la 11ª Bienal de Sídney (1998), y ha mostrado su obra de forma individual y colectiva en instituciones como el Tel Aviv Museum of Art (1993) y el MACBA de Barcelona (2000), entre otras.

Otras entradas publicadas en Cincuentopía sobre el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid son las siguientes:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».