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Poesía de Luis de Gongora, ¿Qué se puede decir acerca de Luis de Góngora que no se haya comentado ya? Creo que lo mejor es leer su obra y nada mejor que este libro, Poesía, una cuidada antología de sus mejores poemas, para adentrarnos en el complejo universo de este excelso creador.

Luis de Góngora (1561-1627) constituye una de las cimas ya no sólo de la poesía en lengua castellana sino de toda la literatura universal. Es posible que algunas personas tilden de exagerada dicha consideración pero basta con contemplar el devenir literario mundial durante estos últimos doscientos años para saber de lo que estoy hablando.

Poesía reúne buena parte de la obra en verso más representativa del autor nacido en Córdoba (quien, por cierto, jamás publicó nada en vida): sonetos, canciones, letrillas, romances, fábulas y, por supuesto, sus dos textos culminantes, Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades.

El libro cuenta con la cuidada edición de Ana Suárez Miramón, catedrática de literatura española de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y gran experta en el Siglo de Oro español. Suárez Miramón no sólo contextualiza la vida y obra de Luis de Góngora y realiza una notable exégesis (a la medida de cada quien) de los textos seleccionados sino que además propone algunas actividades adicionales de más que considerable interés.

Subsisten muchos prejuicios en torno a la producción de Luis de Góngora: rebuscado y oscuro en lo formal; triste e incluso amargado en lo personal; difícil (cuando no imposible) de entender desde el punto de vista del contenido. Pero la lectura atenta del libro Poesía de Luis de Gongora nos muestra a las claras que esto no es así en absoluto.

Cuestión bien distinta es que Luis de Góngora sea un virtuoso de la palabra escrita. Su precoz conocimiento de los autores clásicos latinos (sobre todo Ovidio y Horacio) y de los italianos más influyentes de la época (con Petrarca, Ariosto y Tasso a la cabeza) supone la antesala que permite explicar el gusto por el vocablo menos habitual, la complejidad de sus formulaciones y el empleo de todo tipo de recursos estilísticos y figuras literarias (desde la metonimia al hipérbaton, pasando por la perífrasis, los juegos de palabras, las referencias mitológicas…), no siempre al alcance del común de los lectores.

Buena parte de los versos de Poesía nos muestran la veta más divertida, satírica, burlesca y vital de Luis de Góngora. Advertimos sus escarceos amorosos, su gusto por lo sarcástico, incluso sus dimes y diretes con otros autores contemporáneos (especialmente Quevedo, a quien alude como “Anacreonte español”  y Lope de Vega, denominado “Lopillo” y calificado de “insolente poeta tagarote” entre otras lindezas).

En ocasiones percibimos al cronista de la sociedad de la época, que lo mismo alude a la suciedad de la ciudad de Madrid como a la cantidad de prostíbulos que se concentran en Valencia o a las pacatas costumbres de Valladolid; y a veces vemos al artista airado, iconoclasta, desmitificador e incluso esperpéntico, que no deja títere con cabeza (siempre dentro de la medida de las posibilidades de la época).

Es cierto que Luis de Góngora es hijo de su tiempo y de su entorno (¡quién no lo es!); un contexto en el que el artista requiere del mecenazgo (hoy se vuelve a ello aunque lo denominemos crowdfunding) para poder subsistir, donde la obsesión por el paso del tiempo y la consideración más angustiosa del carpe diem marca una cierta suerte de pre existencialismo.

Y no menos verdad es la creciente amargura vital del poeta, coincidente con la decadencia física y su muy deteriorada condición económica (llegó a ser desahuciado de su domicilio en Madrid), que se identifica con la imagen arquetípica que de él tenemos conforme fue retratado en el cuadro en su momento atribuido a Diego de Velázquez que hoy en día podemos ver en el Museo del Prado de Madrid.

Nada es ajeno a una poesía que por momentos parece que acaba de ser escrita y que resulta más actual que la de algunos autores que preconizan su modernidad a los cuatro vientos: el simbolismo llevado a sus máximos niveles, la precisión en el engarce de las ideas y en su formalización a través de las frases, la rotunda sonoridad de sus piezas de arte mayor y la cantarina armonía de las de arte menor…

Poesía muestra todas las posibilidades estilísticas y temáticas de Luis de Góngora: habrá quien se encuentre más a gusto con los sonetos satíricos; quizá exista el que prefiera sus canciones amorosas o sus formidables fábulas; es posible que para algunos las Soledades suponga un hito muy difícil de superar. Hay acomodo para cualquier amante de esa clase de literatura que supera los límites de espacio y tiempo.

Gocemos de este deleite intelectual, alegrémonos de que podemos leerlo en su lengua original (porque la traducción de Luis de Góngora a cualquier idioma es una labor hercúlea), empapémonos del talento de este extraordinario literato cuya obra no siempre es suficientemente conocida.

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Luis de Góngora. Poesía. Penguin Clásicos.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.