Son varios los seguidores de Cincuentopía que han escrito un email a la dirección contacto@cincuentopia.com con la queja de que apenas dedicamos espacio a la reseña de poesía. Tienen toda la razón, más allá de una mínima referencia a Los señores del límite de Auden. Para tratar de poner remedio voy a centrar mi atención en las Poesías completas de Konstantino Kavafis. Y trataré de que en el futuro no vuelva a ocurrir.

Resulta un juicio bastante extendido que Konstantino Kavafis (1863-1933) constituye una de las grandes cumbres poéticas mundiales de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Y es muy significativo que la editorial Hiperión, referencia en cuanto a publicación de poesía se refiere, se decantara por este autor como el primero de los incluidos en su célebre colección poesía Hiperión con estas Poesías completas.

Qué lástima no ser multilingüe para leer a Kavafis en su lengua original y para comprender así en toda su extensión su técnica poética, lo sublime de su estilo, lo intenso de su goce estético y, en definitiva, acercarnos en mejores condiciones a su pensamiento. El autor dominaba no sólo el griego sino el inglés, el francés, el italiano y el árabe. Por supuesto esta precisión no va en detrimento de la gran labor llevada a cabo por el magnífico poeta José María Álvarez, traductor y prologuista del libro.

La evolución de estas Poesías completas es la mejor prueba de que Konstantino Kavafis goza de muy buena salud. La primera edición de Hiperión, correspondiente al año 1976, incluía los 154 poemas originariamente recopilados por el autor y otros 24 que José María Álvarez encontró en distintas revistas, colecciones privadas y archivos. Con posterioridad el propio Álvarez incorporó otros 65 poemas, estructura que ha quedado hasta nuestros días (el libro ya va por la edición número 22 en este año 2014).

Es difícil definir a un autor de la complejidad de Kavafis, cuya obra nunca se publicó en forma de libro en vida del poeta. A mi juicio el escritor nos sitúa ante lo que cabría calificar como la poesía de la experiencia amorosa, entendida como fuente creadora de todo lo vitalmente significativo pero también como cloaca de las pasiones exacerbadas y de los encuentros eróticos inadecuados.

Kavafis nos sumerge en una auténtica orgía de sentimientos, con un acusado predominio de lo que podríamos considerar como un enfoque intrahistórico inverso: es decir, una mezcla de grandes personajes (pero desprovistos de su inherente aura de gloria y enfrentados a las miserias del día después de…) y de seres anónimos (aunque elevados a la categoría de referentes morales y estéticos).

El estilo de Kavafis ha conmovido y fascinado a lectores de todas las generaciones a lo largo de estos últimos cien años. Su consciente huida del retoricismo, el abandono de los principios de la rima convencional, una ufana apuesta por la ironía, su búsqueda constante de la perfección, la sabia mezcla del néctar que supone el simbolismo francés y la fragancia del pensamiento más profundo de la cultura grecolatina… alimentan la consideración de que nos hallamos ante uno de los más grandes poetas de toda la historia.

Pero estas Poesías completas también tienen un considerable punto de dolor. Dolor por la flaqueza del ser humano, dolor ante la vulgaridad de la vida cotidiana, dolor, en definitiva, por la inevitable decadencia que nos aguarda a todos y cada uno de nosotros. Quizá por ello convenga sumergirse poco a poco en la lectura de estos poemas, ingerirlos con precaución y a pequeñas dosis, paladeando cada idea que subyace en ellos, sin precipitaciones. Porque al fin y al cabo su obra es atemporal, por ella no advertimos el paso del tiempo (si acaso para mejorarla como ocurre con los mejores vinos).

Es un formidable reto seleccionar algún verso de esta excepcional obra poética. En todo caso depende más del estado de ánimo del lector que de la calidad del autor. Vayamos con tres grandes momentos (siempre sujetos a la constante revisión y reconsideración). El primero de ellos corresponde a su poema Teódoto (1915) cuando subraya: «Si entre los verdaderos elegidos te cuentas, / mira bien cómo obtienes tu dominio».

No menos magistral (y actual) resulta su reflexión de Los enemigos (1900), poema no incluido en su obra canónica: «Todo lo que tan justo y espléndido nos parecía / ellos lo demostrarán insensato y frustrado / y volverán sobre lo mismo (sin fatigarse demasiado). / Variando siempre las antiguas palabras».

Y en su último texto conocido, En las cercanías de Antioquía, escrito en 1933 cuando ya estaba gravemente enfermo, nos deja este trágico ajuste de cuentas: «Cenizas de una imagen: para ser barridas como basura».

Leer a Kavafis no sólo es un placer estético; es también un ejercicio de higiene mental. En tiempos de cerrazón, nos abre la mente y el corazón hacia otros sentimientos y hacia nuevas experiencias; en momentos de crisis, nos recuerda que muchos de los límites del ser humano sólo existen en nuestra imaginación; en épocas oscuras, el gran poeta griego nos ilumina con el fanal de su sabiduría vital inextinguible que siempre permanecerá en nuestro ánimo.

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Konstantino Kavafis. Poesías completas. Hiperión. Madrid, 2014

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