La Casa de las Artes de Vigo acoge una exposición centrada en el artista Silverio Rivas durante los días 14 de agosto al 31 de octubre de 2020.

Titulada «Silverio Rivas: mente y materia», la muestra recoge treinta esculturas, algunas de gran formato, realizadas por este artista y sienta las bases para una mejor comprensión de las ideas básicas que conforman su producción, siempre explorando los límites expresivos y plásticos, evidenciando un pensamiento utópico que genera nuevas relaciones entre objeto y sujeto.

Tal y como pueden comprobar los asistentes a la exposición albergada por la Casa de las Artes de Vigo, las relaciones entre gravedad y levedad, vacío y lleno, interior y exterior, geométrico y orgánico… van estructurando un recorrido en el que resulta especialmente llamativo el formidable tamaño de algunas de las piezas.

Silverio Rivas (1942) abraza la abstracción muy pronto, cuando se da cuenta de que es el material quien dicta las normas de la escultura, liberándose así de la servidumbre de la mímesis, de la representación figurativa, descubriendo una nueva forma de trabajar buscando la lógica interna del material. Obsesionado con la búsqueda de la esencia de la materia, trabaja en la búsqueda de un lenguaje que desvele la forma pura, en una evolución que progresivamente se va liberando de elementos superfluos, de ornamentos que desvían de lo esencial, para centrarse en la justa relación entre formas, volúmenes y pesos, a partir de la que crea objetos de una singular personalidad.

Comisariada por Javier Pérez Buján, la muestra presenta la trayectoria del artista partiendo de una estudiada ocupación del espacio, estructurado a partir de tensiones provocadas por la utilización de diferentes escalas, texturas, orientaciones y cromatismos que van modulando el ritmo do su recorrido.

Se trata de la primera exposición de la Casa de las Artes de Vigo que aparece publicada en Cincuentopía.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».