El Museo del Prado de Madrid dedica una exposición a las pintoras Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana durante los días 22 de octubre de 2019 al 2 de febrero de 2020.

Bajo el título “Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Historia de dos pintoras”, la muestra reúne por primera vez los trabajos fundamentales de dos de las mujeres más notables de la historia del arte de la segunda mitad del siglo XVI.

La exposición del Museo del Prado incluye un total de sesenta y cinco obras procedentes de más de una veintena de colecciones europeas y americanas, sentando las bases para recorrer la trayectoria artística de estas dos pintoras, que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos, pero cuyas figuras se fueron desdibujando a lo largo del tiempo.

Comisariada por Leticia Ruiz, analiza las propuestas creativas de Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, nacidas y formadas en Cremona y Bolonia respectivamente, dos centros artísticos cercanos geográficamente en Italia pero condicionados por sus propias tradiciones pictóricas, sociales y culturales.

Las dos pintoras partieron de perfiles familiares y biográficos distintos, aunque en los dos casos el papel paterno fue fundamental para condicionar sus respectivas carreras. Ambas supieron romper con los estereotipos que la sociedad asignaba a las mujeres en relación con la práctica artística, el arraigado escepticismo sobre las capacidades creativas y artísticas de la mujer, y ambas se valieron de la pintura para alcanzar un papel significativo en la sociedad en que les tocó vivir.

Sofonisba Anguissola (1535-1625), perteneciente a una familia de la pequeña nobleza de Cremona formada por seis hermanas, encontró en la pintura un modo de alcanzar la posición social que correspondía a la familia Anguissola-Ponzoni. Su talento y su personalidad, así como el empeño promocional de su padre, la convirtieron en una dama afamada y respetable que posibilitó la práctica artística de las mujeres y forjó un mito femenino que aún perdura. Practicó sobre todo el retrato y fue contratada como dama de compañía de la reina Isabel de Valois, cargo que enmascaró su papel como pintora.

Por su parte Lavinia Fontana (1552-1614) era hija de Prospero Fontana, pintor de prestigio en Bolonia, con quien se formó y colaboró. Las favorables condiciones económicas y sociales de la ciudad explican el papel destacado de las mujeres en su vida cultural, religiosa, social y artística. Fue la primera mujer en abrir un taller propio y desarrolló una notable actividad que se extendería a Florencia y a Roma, donde se trasladó en la etapa final de su vida.

Entre las últimas reseñas aparecidas en Cincuentopía sobre el Museo del Prado se encuentran:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».