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La segunda recomendación de este mes de agosto vuelve a ser una novela voluminosa: Submundo, de Don DeLillo, supera las ochocientas páginas. Pero el resultado final merece la pena.

Don DeLillo (1936) es uno de los grandes novelistas de estas últimas cuatro décadas, no sólo de Estados Unidos sino de la literatura internacional. Encuadrado dentro de la corriente del posmodernismo, su obra incluye novelas del nivel de Americana, Ruido de fondo, Libra, Cosmópolis, Punto Omega… Pero pese a la calidad de esta producción Submundo es otra cosa, decididamente su obra maestra (al menos por el momento).

A grandes rasgos y más allá de los aspectos meramente anecdóticos, el libro narra la historia de un naufragio: el de la sociedad estadounidense a lo largo de las cuatro décadas comprendidas entre la guerra de Corea y el comienzo de la década de los noventa con un país arrasado después de tres mandatos consecutivos del Partido Republicano al frente de la Casa Blanca.

En un poderoso ejercicio de funambulismo literario y de saltos en el tiempo narrativo Don DeLillo estructura Submundo en seis grandes partes, precedidas de un extenso elemento introductorio (bajo el título “El triunfo de la muerte”, publicado en su momento como pieza independiente) y con un epílogo no menos vibrante (“Das Kapital”).

El comienzo de la obra de Don DeLillo es espléndido: “Habla con tu misma voz -americano- y en sus ojos se detecta un brillo que siempre resulta esperanzador. (…). La historia es el resultado de anhelos en gran escala. Aquí no hay más que un chiquillo que alimenta una aspiración localizada, pero forma parte de una muchedumbre en desarrollo, de miles de seres anónimos que brotan de los autobuses y los trenes, de gente que avanza a trompicones formando estrechas hileras sobre el puente giratorio que atraviesa el río”.

Submundo es una novela de una precisión quirúrgica, no siempre fácil de leer pero en todo momento coherente. Una vez que se ha concluido se percibe la magnitud del trabajo de orfebrería del escritor y su capacidad para incorporar un más que interesante conjunto de personajes, con Nick Shay a la cabeza (junto a su familia), Klara Sax (y su marido Albert Bronzini) o Marvin Lundy, rodeados de personas de carne y hueso como J. Edgar Hoover, Lenny Bruce y hasta Frank Sinatra o Jackie Gleason.

El libro contiene buena parte de los elementos característicos de la narrativa de Don DeLillo: el excepcional dominio del lenguaje (desde luego la tarea del traductor, Gian Castelli Gair, ha resultado titánica), la capacidad para soldar situaciones y tramas argumentales hasta formar un todo compacto e inconsútil, su peculiar sentido del humor (no siempre fácil de seguir o ser identificado)…

Merece la pena leer Submundo con plena dedicación, sin prisas, paladeando sus momentos literariamente más hermosos y esforzándose por superar sus pasajes más macizos. De ahí la recomendación como novela para el verano. Desde luego no es un texto que permita la lectura ligera pero eleva el nivel del goce intelectual hasta límites extraordinarios.

Submundo cuenta además con un interesante prólogo de José María Guelbenzu (en la edición de Círculo de Lectores que fue la que en su momento leí), en el que no sólo se disecciona la técnica narrativa de Don DeLillo sino que se realiza un repaso tan breve como preciso sobre la evolución de las corrientes novelísticas estadounidenses a lo largo de los últimos setenta y cinco años.

En suma, no hay mejor forma de acercarse a la obra de Don DeLillo que a través de las páginas de Submundo. Si el resultado es satisfactorio, habrá tiempo para disfrutar del resto de su producción, mayoritariamente traducida al español por Seix Barral.

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Don DeLillo. Submundo. Círculo de Lectores.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.