Tiempo de Emilio Prados supone la presentación en sociedad (y de forma más que destacada) del autor. El impacto del libro fue de tal naturaleza que lo catapultó al grupo fundacional de la Generación del 27 como componente esencial del mismo.

Emilio Prados (1899-1962) publicó Tiempo en 1925. Aunque carecía de obra publicada ya era conocida su actividad como editor (en compañía de Manuel Altolaguirre funda la revista Litoral) e impresor (colabora en la imprenta Sur, de la que saldrán unos cuantos trabajos de poetas de esa generación). No obstante los veinte poemas que conforman el texto marcan un antes y un después en su trayectoria.

Tiempo incorpora algunos de los elementos característicos de la primera parte de la producción lírica de Emilio Prados: la búsqueda del ideal de belleza de la poesía pura con muy profunda influencia de Juan Ramón Jiménez (a quien conoció cuando apenas era un niño), el lirismo colorista y cálido de las tierras andaluzas de las que es originario, la vitalidad desbordante de quien comienza su quehacer versificador…

Esta propuesta estética que percibimos en Tiempo se aparta notablemente del tono de Emilio Prados en la década de los treinta (con un hondo poso de reivindicación social y política) o con posterioridad a su exilio en México a partir de 1939 (donde el desarraigo y la soledad van incrementando su peso específico libro tras libro).

Resulta más que agradable bucear por las páginas de Tiempo de Emilio Prados. Pongamos dos ejemplos para advertir la pericia que ya manifestaba el novel autor. Ésta es la primera estrofa del libro, con la que se abre su poema inicial Oscurecer: “Ya el viento va a apagar / el candil de la tarde / y el árbol ha cerrado / su abanico de sombra. / Madurará la estrella / en la rama del aire / y abrirán los misterios / sus inciertas corolas”.

Y como contrapunto veamos la parte final de Viaje, último poema del libro: “El mar de color de lata. / El corazón del marino tiene su aguja imantada. / -Capitán, / se te ha olvidado /dejar en tierra / una carta-. / En la página del mar, / firma el sol / con tinta blanca”.

Tiempo de Emilio Prados suele acompañarse, al menos en las ediciones que conozco, de otras dos obras iniciales del poeta: Canciones del farero (correspondiente a 1926) y Vuelta (1927). Si ése es también el caso del seguidor de Cincuentopía, ya puestos disfrutemos del conjunto. ¡Feliz lectura!

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Tiempo de Emilio Prados. Biblioteca Nueva.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.