Transplutón, el décimo planeta del Sistema Solar. ¿Es una realidad todavía no conocida mediante métodos empíricos o se trata de una mera ficción, consecuencia de la imaginación desbocada de científicos o simples charlatanes?

A finales del siglo XVIII tuvo lugar el descubrimiento de Urano y a mediados del XIX el de Neptuno. Desde entonces, algunos científicos han elucubrado sobre la existencia de un cuerpo astral con las suficientes dimensiones para ocasionar perturbaciones en las órbitas de ambos. El descubrimiento de Plutón en 1930 no concluyó con esta tesis dado que se consideró que era demasiado pequeño para justificar dichas alteraciones.

Durante las siguientes décadas fueron algunos los investigadores que aseguraron que debía existir un décimo planeta, al que algunos comenzaron a denominar como Transplutón (incluso hubo quien aseguró que había no uno sino incluso dos planetas, basando dicho razonamiento en las perturbaciones que afectaban a la órbita del cometa Halley).

En 1992 tiene lugar el descubrimiento del primer objeto transnepturiano (en menos de treinta años se ha dado con más de mil de ellos gracias a los avances tecnológicos), lo que reproduce un debate que se creía ya olvidado. No obstante, a fecha de hoy, todos los intentos han sido infructuosos. Los astrónomos no descartan la existencia, en esas remotas profundidades del espacio, de más cuerpos de tamaño similar o superior al de Plutón (que entretanto ha sido degradado a la categoría de planeta enano en una decisión que ocasionó una notable polémica que fue más allá de la comunidad científica) , pero no existen indicios por el momento de la existencia de astros de tamaño realmente planetario.

Por si todo esto no fuera suficiente, en un artículo publicado en 2016 en la revista The Astronomical Journal, los investigadores Konstantin Batygin y Mike Brown aludían a la posibilidad de un planeta dentro del Sistema Solar aunque sin mencionar ni el tamaño ni la masa ni su posible origen, con unas bases conceptuales y estadísticas bastante más avanzadas. Dejemos pasar el tiempo y acaso en el futuro nos encontremos con alguna novedad al respecto. Mientras tanto, Transplutón no deja de ser sino una elucubración, tal vez fascinante pero divagación al fin y al cabo.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».