Spread the love

La zarzuela La Gran Vía se incorpora al conjunto de composiciones que Cincuentopía analiza desde hace ya algún tiempo. Porque apostamos por la revalorización del mal llamado «género chico».

La Gran Vía se estrenó en 1886 inicialmente en el conocido como teatro Felipe de Madrid, una instalación al aire libre situada muy cerca del parque del Retiro, y con posterioridad ya en el interior en el teatro Apolo. Se trata de una zarzuela en un único acto  y cinco cuadros con música de Federico Chueca y Joaquín Valverde y libreto de Felipe Pérez y González.

En línea con su título completo de «revista lírico-cómica, fantástico-callejera» convertido en una verdadera declaración de intenciones la obra narra en un estilo jocoso las novedades políticas y sociales del momento, basándose en personajes como Caballero de Gracia, Doña Municipalidad, Paseante en Cortes, Doña Sinceridad, Eliseo madrileño…, entre otros muchos, quienes disertan en torno al nacimiento de esta nueva calle de Madrid que tantos quebraderos de cabeza ocasionó a ciudadanos y políticos.

Acaso por la brillantísima partitura, tal vez por la habilidad del divertídisimo libreto o quizá por la combinación de ambas cosas, La Gran Vía obtuvo desde un primer momento un extraordinario éxito de público que incluso provocó que algunos de sus cuadros tuvieran que reformarse parcialmente para una mejor adecuación a la cotidianidad. Como muestra de todo ello compartimos con todos los seguidores de Cincuentopía el chotis del Eliseo, que responde a esa excelente combinación de música y letra.

Quienes deseen ver la totalidad de la zarzuela pueden hacerlo a través de este enlace. Corresponde a una grabación realizada en 1995 en el teatro Calderón de Madrid.

Forman parte de la serie dedicada a la zarzuela las siguientes entradas publicadas en Cincuentopía:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».