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Crimea: volver a empezar

No sabemos la capacidad de tropezar que tienen los restantes animales pero lo que ocurre en Crimea es fiel reflejo de la tendencia de los individuos a reiterar sus pautas de comportamiento (y sus errores) una y otra vez.

Nadie sabe quién acuñó la frase «El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra». Y es una lástima porque sólo por ello hubiera pasado a la posterioridad con total seguridad, tantas son las veces que esta constante histórica se ha repetido (y se repite y se repetirá).

Durante las últimas semanas se ha escrito mucho sobre Crimea. Desde Cincuentopía recomendamos dos artículos por el análisis sutil y lúcido que hacen de la situación: el de Henry Kissinger en The Washington Post y el de Sergey Karaganov en Financial Times.

¿Cómo se ha llegado a la actual situación? No nos remontaremos mucho en el tiempo (porque el asunto viene de bastantes siglos atrás). Como consecuencia de la alianza entre Gran Bretaña, Francia y el Imperio Otomano y la entrada de Rusia en territorios de este último, en 1853 se envían dos expediciones franco-británicas a los mares Báltico y Negro respectivamente. La primera se limitó a disparar unos cuantos proyectiles; la segunda fue el desencadenante de la Guerra de Crimea.

Lo que en principio parecía fácil, ocupar Sebastopol y propinar al zar Nicolás un varapalo ejemplarizante, se convirtió en un conflicto armado que duró tres años y supuso la muerte de centenares de miles de personas. ¿A que ya le va sonando de qué va el tema?

Crimea: un territorio siempre a caballo entre Rusia y Ucrania

Sobre este conflicto escribía Juan Benet en su libro Londres victoriano: «Aquella guerra además de crisis, disgustos, bajas y costes y amén de La carga de la brigada ligera engendró tres cosas dignas de ser recordadas y que hasta el día de hoy se han demostrado insustituibles: las enfermeras, los corresponsales de guerra y el cigarrillo».

Durante la guerra civil rusa (1917-1920) Crimea fue el bastión de los denominados ‘rusos blancos’ o anticomunistas, es decir, de los que perdieron el conflicto (mala cosa, la verdad). En 1941 fue invadida por el ejército alemán y tras la guerra civil parte de sus habitantes fueron acusados de colaboracionistas y ejecutados o deportados a Siberia (otra mala cosa).

En 1954 Nikita Kruschev, Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, dictamina de manera unilateral la cesión de Crimea por parte de Rusia a su vecina Ucrania (tercera mala cosa, como luego se ha comprobado). Y desde 1991, coincidiendo con la disolución de la URSS, el territorio es foco de tensión entre Rusia y Ucrania hasta desembocar en la actual situación.

Rutas de gaseoductos que inciden sobre Crimea

Los ciudadanos de Crimea tienen, como poco, tres problemas: su ubicación geográfica entre Rusia y Ucrania (con el control adicional del estratégico Estrecho de Kerch); su heterogeneidad étnica y cultural (sobre el 60 por ciento de sus habitantes son rusos y el 25 por ciento ucranianos, además de otras decenas de nacionalidades); y sus suculentos recursos energéticos (unos cuantos gaseoductos pasan por los alrededores y sirven para interconectar Rusia, Ucrania y la Unión Europea).

A todo ello debe añadirse unos gobernantes corruptos hasta la médula (tanto en Rusia como en Ucrania), una recesión económica salvaje, un escenario internacional inestable hasta extremos insospechados… (por no hablar de la carencia de política exterior común en la Unión Europea, la futura entrada de la Presidencia de Estados Unidos en la zona lame duck o el creciente peso específico chino en distintas áreas y mercados).

Si la situación no fuera tan dramática y afectara a la vida de millones de seres humanos hasta se admitirían las apuestas: ¿Siria para unos y Crimea para otros? El tiempo nos lo dirá.

Tags: CONTAR, DESTACADOS

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