Un mundo aparte de Gustaw Herling-Grudzinski es un libro autobiográfico que versa sobre la estancia de su autor en distintos campos de concentración (alejémonos desde un primer momento del eufemismo campos de trabajo) de la Unión Soviética a lo largo de dos años.

Por consiguiente nos encontramos ante una obra dolorosa hasta el extremo; y también ante un texto que resulta difícil de leer, no porque esté mal redactado (de hecho para Bertrand Rusell, quien prologó su traducción al inglés, es uno de los libros sobre campos de concentración mejor escritos) sino por el gigantesco muestrario de sinrazón y espanto que nos presenta.

Es cierto que desde finales del siglo XIX hasta nuestros días se ha ido acumulando un escalofriante patrimonio universal sobre la literatura del horror. En gran medida el creciente impacto de los conflictos bélicos sobre la población civil tiene mucho que ver en la conformación de este pavoroso acervo. El corazón de las tinieblas de Conrad o Viaje al final de la noche de Céline marcan una dolorosa senda que ha sido transitada, en buena parte de los casos desde una muy dramática perspectiva autobiográfica, por un significativo número de autores.

No obstante el horror que nos muestra Gustaw Herling-Grudzinski en Un mundo aparte tiene su propia personalidad. Donde en Conrad hallamos sobre todo sublimación y en Céline principalmente encontramos furia en él advertimos, por encima de cualquier otra consideración, una singular mezcla de perplejidad y resignación que lo acercan más a Kafka que a Solzhenitsyn, salvando en ambos casos las enormes diferencias en cuanto a mundo literario formulado y experiencia vital atesorada se refiere.

Herling-Grudzinski pasó por varias prisiones y campos de concentración soviéticos entre 1940 y 1942 cuando apenas tenía veinte años. El libro lo escribió en polaco a finales de la década de los cuarenta mientras se encontraba en Gran Bretaña. Quizá esto explique que fuera rápidamente traducido al inglés (con el ya mencionado prólogo de Bertrand Rusell).

En aquel momento la obra se convirtió en uno de los primeros testimonios sobre las verdaderas condiciones de los campos de concentración de la Unión Soviética, si bien chocó con la actitud de negación e indiferencia (a cual más hiriente) de buena parte de la intelectualidad europea. Por señalar un ejemplo, tardó casi treinta años en traducirse al francés (pese a las constantes y desesperadas solicitudes de Camus), con un prólogo de Jorge Semprún que ahora se recupera en su versión española.

Un mundo aparte es un tratado multifacético. Ahí radica su grandeza. Por una parte es un formidable reportaje periodístico, que permite conocer en profundidad una realidad terrible, porque partiendo de la peripecia individual del protagonista la eleva hasta situarla dentro de la categoría de experiencia general.

Pero el texto va mucho más allá: es al mismo tiempo un catálogo de despropósitos y arbitrariedades que, si no fuera por la tragedia que entraña, nos haría reír a carcajada limpia. Citemos algunos casos: un actor internado por interpretar mal su personaje a juicio de la temible NKVD (el tristemente célebre Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos); un médico en permanente estado de excitación sexual; o un campesino que se negó a entregar un saco de trigo a la autoridad de su remota localidad. Y así hasta el infinito.

Por si todo esto fuera poco, Un mundo aparte es también un lúcido análisis de dónde puede llegar la maldad del ser humano cuando es fagocitada por un sistema tenebroso hasta extremos difícilmente comprensibles para quien nunca ha debido padecerlo. Como escribe el autor: «Saber que nadie se enteraría jamás de su muerte ni conocería el lugar donde reposaban sus restos constituía una de las mayores torturas psíquicas para los presos».

Reconozco que éste ha sido mi primer y único contacto con la obra de Gustaw Herling-Grudzinski. No he leído Variaciones sobre las tinieblas, traducida al castellano por Metáfora Ediciones, ni sus diarios Dziennik pisany noca o su novela Skrzydla oltarza (en estos últimos dos casos tampoco tengo constancia de que hayan sido traducidos al español a fecha de hoy). Todo un reto que habrá que superar durante los próximos meses.

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Gustaw Herling-Grudzinski. Un mundo aparte. Libros del Asteroide. Barcelona, 2012

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