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Edward Abbey publicó La banda de la tenaza en 1975. Cuarenta años después el libro tiene una vigencia que resulta tan asombrosa como lamentable para la Humanidad.

Edward Abbey (1927-1989) constituye uno de los grandes iconos de lo que tradicionalmente se ha encuadrado en el movimiento contracultural estadounidense. El escritor, que trabajó como guardabosques y vigía forestal, transita una senda literaria que tiene determinadas similitudes (más de fondo que formales) con la hollada por autores como Jack Kerouac o Allen Ginsberg pero también por John Kennedy Toole y que fue abruptamente cercenada en la década de los años ochenta.

La banda de la tenaza es una obra considerada como la biblia del activismo social y del ecologismo y de denuncia de la degradación medioambiental que por aquel entonces todavía estaba en ciernes (sobre todo si se compara con la situación de hoy en día). Tal afirmación es cierta pero el libro también incorpora otros valores que trascienden dicha convicción, apostando por una visión lúdica de la existencia (esencialmente sustanciada en numerosos excesos etílicos y devaneos eróticos a lo largo de sus páginas) e incluso por la crítica abierta del pensamiento naturalista más dogmático.

El texto de Edward Abbey presenta cuatro protagonistas, de sólido trazo y con un marcado carácter quijotesco que es muy bien captado por las deliciosas ilustraciones de Robert Crump que aparecen en el libro: el doctor A.K Sarvis, cirujano; George Washington Hayduke, veterano de la guerra de Vietnam; Josep Fielding Smith, más conocido como Seldom Seen Smith, mormón de religión y buscavidas de profesión; y Bonnie Abbzug, bailarina de formación, intelectual de vocación y que en apenas diez años ha ejercido la más amplia variedad de oficios.

A todos estos personajes de La banda de la tenaza, excelentes en su diseño inicial y no menos interesantes en su evolución durante el transcurso de la novela, hay que añadir un quinto: el paisaje (tan salvaje como majestuoso, tan agreste como delicado, horadado por la implacable acción del ser humano pero siempre con capacidad para asustar a quien ose adentrarse por ese territorio) de todo el entorno que discurre entre el Parque Nacional del Gran Cañón y la parte noreste de Utah.

A grandes rasgos lo que plantea La banda de la tenaza es la actuación de cuatro personas que, cansadas de los excesos de políticos corruptos, empresarios maestros de la especulación y corporaciones voraces, comienzan a sabotear cuantas muestras de “civilización” van encontrando por su camino (vallas publicitarias, carreteras, puentes, excavadoras, perforadoras…).

La banda de la tenaza es una novela de acción tan delirante como inverosímil y divertida: lo son sus operaciones de destrucción de maquinaria e infraestructura, las reflexiones de sus protagonistas y, sobre todo, las numerosísimas persecuciones que deben afrontar y padecer. Pero el libro posee una faceta de lirismo que no puede dejar de ser remarcada: la descripción de los suelos y de los cielos, de la fauna y de la flora, de los olores y de los colores… embriaga al lector y lo transporta a un universo tan ignoto como definitivamente perdido.

En 1989 Edward Abbey escribió ¡Hayduke vive!, novela publicada a título póstumo que constituye una especie de segunda parte de La banda de la tenaza puesto que cuenta con todos sus protagonistas (y también con algún que otro destacado antagonista).

La banda de la tenaza tardó casi cuatro décadas en ser publicado en el mercado castellano parlante. Es a la editorial Berenice a quien debemos agradecer no sólo el esfuerzo de traducción de este libro sino su intento de dar a conocer varios textos más de Edward Abbey, que incluyen a fecha de hoy el ya citado ¡Hayduke vive! y El vaquero indomable, una obra bastante anterior en el tiempo (en 1962 fue adaptada para la película Lonely Are The Brave, estrenada en España como Los valientes andan solos y que los seguidores de Cincuentopía pueden ver en su totalidad a través de este enlace). Pese a dicho elogio también debemos criticar los excesivos errores de puntación y ortográficos encontrados (demasiado numerosos para atribuirlos a los “duendes de la imprenta”), al menos en la edición de bolsillo correspondiente a 2013 que he manejado.

Más  allá de todas estas consideraciones La banda de la tenaza es un libro de máximo interés (por lo que dice y por cómo lo dice) y sumamente entretenido. Su atenta lectura permitirá no sólo pasar un rato muy agradable sino también comprender mucho mejor determinadas cuestiones que ocurrieron décadas después y que han hecho bueno el refrán “De aquellos polvos vinieron estos lodos”.

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Edward Abbey. La banda de la tenaza. Berenice.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.