Los auditorios en España suponen un excelente ejemplo de que nuestro suelo patrio ha atravesado una burbuja cultural paralela a la inmobiliaria, en la que debajo de las piedras de los territorios más insospechados aparecieron auditorios, salas de teatro y centros de enseñanza musical en cantidades inusuales. Más para la galería que para que el pueblo disfrute, ya que después de estas tremendas obras no había quedado dinero para llenarlas con orquestas, profesores de música o alumnos con una actividad continua mínimamente razonable.

Ambición política y cultura

Hemos sido víctimas de la modernización y el desmedido desarrollo, ¿o el afán de llenarse los bolsillos de algunos políticos profesionales? Desde un punto de vista democratizador la respuesta es no, claro. Aunque en muchas localidades pequeñas se ha verificado lo expuesto, la parte positiva es que en otras ciudades, las más grandes normalmente, se ha podido mantener o amortizar esa inversión. Como decía Otelo, en la versión de Verdi: si después de la tempestad llega una calma así, ¡que soplen los vientos hasta despertar a la muerte!

He tenido oportunidad de comprobar de primera mano que las grandes obras se han instalado en las ciudades importantes. Más de 20 años en que se han ido consolidando algunos nuevos auditorios. A veces, incluso, en detrimento de los clásicos. Acompañé, hace un año por estas fechas, a un pianista amigo, un poco ‘malogrado’, de pasados tiempos vieneses en una gira artística invernal por España. Constaté así la gran calidad y cantidad de teatros recientes que, después de la burbuja, siguen en pie en nuestro suelo patrio.

Bilbao Orkestra Sinfonikoa, una de las más antiguas de España

En otros tiempos cincuentópicos la nómina de teatros era mucho más escasa que en la actualidad. Suerte que ahora, la mayoría de los antiguos se mantiene en pie y con buena salud. La gira comenzó en Madrid, donde la nómina no es pequeña, ni desconocida. Hicimos un programa interesante en el Auditorio Nacional (1988). Digo bien en primera persona ya que me tocó actuar como ‘pasapáginas’ ante la indisposición de la titular.

No pude decir que no, en un compromiso emocional que me hizo pasar uno de los peores ratos de mi vida. Cuando uno es protagonista y se equivoca, lo puede asumir. Mal, pero lo puede asumir. Sin embargo si por tu impericia haces que se equivoque el solista entonces la sensación de fracaso es aplastante. El malogrado, persona de envidiable buen carácter, apenas tenía que decirme cuándo tenía que volver cada página. Yo conocía perfectamente cómo tocaba, tenía todos sus discos, le había oído desde los tiempos de estudiante y no necesitaba saber cuándo necesitaba pasar de una página a otra, en Gaspard de la nuit o la Hammerklavier.

Aunque las tuviera en la memoria, perfectamente, le gustaba emular a otros pianistas, en esta ocasión Sviatoslav Richter y su costumbre de tener siempre delante la partitura. Se sintió cómodo acompañado por mí en el escenario y me pidió que, mientras su ayudante se recuperaba de la gripe, le acompañara yo en la gira. Tuvo suerte, o la tuve yo, ya que esos diez días que seguían al recital del Auditorio podía permitirme descansar de mis habituales tareas y vivir la vida del artista itinerante, en una accidental comedia del arte.

El malogrado, Thomas Bernhard

El Auditorio Nacional en Príncipe de Vergara, gestionado sin un minuto de descanso, es como un submarino, los camerinos siempre están calientes. Luego, en importancia, vendrían el Teatro Real gran templo de la voz y le sigue muy de cerca el Teatro de la Zarzuela, con grandes recitales líricos también. Madrid y sus alrededores tienen una gran nómina de teatros y oferta de actuaciones, orquestas y conservatorios interesantes. Incluso Ruiz-Gallardón quiso hacer de El Escorial el Salzburgo español.

La cultura sobre las ruinas de la industria, el Euskalduna

Al día siguiente viajamos a Bilbao, donde nos esperaban los responsables de la BOS. Todavía no se había recuperado la ayudante, de forma que me tocó aterrizar en el aeropuerto y después de dejar el equipaje en el hotel tuvimos tiempo de tapear en el Café Iruña, antes de dirigirnos al Palacio Euskalduna (1999). Mientras el malogrado tomaba posesión de su camerino, Javier me dio un paseo por las tripas del Euskalduna. Otra de esas grandes instituciones culturales creadas sobre la base de los astilleros bilbainos, donde La Carola (los de Bilbo ya me entendéis).

Palacio Euskalduna de Bilbao. A la derecha la grúa La Carola

La segunda caja escénica de Europa me decía el propio Javier. Se quejaba, con sorna, de que la Bilbao Orkestra Sinfonikoa (1922) tenía que ceder su sede a la Euskadiko Orkestra de Donosti, que actúa siempre en los tres auditorios de Euskadi más Navarra. Precisamente la Orquesta Sinfónica de Navarra (1879) le gana a la de Bilbao en el mérito de ser la más antigua de España. Aquí mi concurso de pasador de páginas no fue necesario, en este caso interpretó un maravilloso cuarto de Beethoven que pude disfrutar desde una de las localidades más altas del Euskalduna. Pasamos luego a recoger a Ana, que estaba ensayando en el Arriaga con el coro y nos fuimos con el propio Javier al Casino donde, entre copa y copa, nos tocó perder casi el sentido y el patrimonio.

Teatro de la Maestranza de Sevilla, sede de la ROSS

Proseguimos la ruta por los auditorios de España. Al día siguiente nos reunimos con la EO en Donosti y tomamos café en el Kursaal (1999), en la Zurriola, para cerrar sendos recitales en la temporada 21-22 y 22-23. La siguiente etapa de la gira nos llevaba a Barcelona, al impresionante Palau de la Música, donde repetíamos el concierto de Madrid. Pude descansar ya que la auxiliar del malogrado estaba ya en perfectas condiciones para subir al escenario. Rob acogió la noticia con alivio, ya que había preparado la gira con intención de recordar al maestro ruso y se había imbuido de espíritu casi soviético.

Por mi parte, ya que me había subido al carro de la farsa continué viaje. Aunque ahora ese carro es distinto, y en pleno siglo XXI los príncipes del escenario son auténticos atletas de la élite artística. La preparación, concentración y trabajo que lleva consigo cualquier artista de primera fila conlleva una nada envidiable vida de sacrificio personal.

En la base del Palau Les Arts está situado el restaurante El Contrapunto

Del modernista Palau de Barcelona bajamos a Valencia donde volvimos a ofrecer el mismo recital de Barcelona y Madrid, esta vez en uno de los auditorios, esta vez no la sala principal, del Palau Les Arts Reina Sofía (2005). Al finalizar el concierto la gerencia del teatro nos acompañó a tomar un curioso tentempié en el restaurante situado en la base del impresionante edificio de Calatrava, El Contrapunto, con carta con nombres de canciones de los Beatles, una ración de Octopus Garden, como homenaje de un chef apasionado.

De Catalunya a Andalucía pasando por Lisboa y Oporto

Entrada al Auditorio Manuel de Falla, frente a la Alhambra de Granada

Un breve descanso en el camino me permitió recuperar fuerzas en Madrid, mientras el malogrado viajaba a Portugal para tocar en dos de los más prestigiosos centros de concierto, yo diría europeos, que desde luego compiten con la música clásica española sin ningún rubor. El auditorio (1993) de la Fundación Gulbenkian en Lisboa, ciclo Pianomania, y un concierto con orquesta, otra vez Beethoven, en uno de los proyectos culturales musicales más importantes de Europa, la Casa da Música do Porto (2001).

Remató su gira en España con una visita al impresionantemente bien situado Auditorio Manuel de Falla (1978) donde, a pesar de las dificultades de la OCG, consiguió volver a interpretar el cuarto de Beethoven y repetir el recital objeto de la gira Richteriana en la Maestranza de Sevilla (1991).

Todos ellos, la mayoría auditorios de España de fin de siglo, que sin duda van a marcar tendencia en todo este nuevo siglo que nos espera.

El siglo XXI marcará el progreso

Casa da Música de Oporto

Esta gira por los auditorios de España es sólo una pincelada de los teatros nuevos de nuestra piel de toro. Rob regresó a su casa en Reinach, cerca de Basilea, para descansar hasta su próxima gira y atender, de paso, a sus múltiples alumnos. Comprobó él también cómo se han ido poniendo piedras en la construcción de un merecido monumento de reconocimiento de nuestra música clásica, con teatros un poco más nuevos de lo que por regla general lo son en Europa, aunque tengamos también que barrer bastante para eliminar la aluminosis mental y a veces ideológica esparcida por el suelo de nuestro entorno.

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Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.